viernes, 27 de febrero de 2015

Ex_Machina (2014) – Alex Garland



Novelista, guionista y ahora, director de cine. Así de polifacético es Alex Garland, autor cuyo nombre empezó a sonarnos el día que Danny Boyle llevó al cine su primera novela: The Beach (aka La playa). Precisamente junto a su compatriota empezó Garland a hacer sus pinitos en el cine, escribiendo primero el guión para “28 semanas después” (estupenda secuela de la notable “28 días después”) y, posteriormente, el de “Sunshine” (una odisea espacial que podría haber sido mucho mejor de no ser por su lastimoso tercer acto). 

Entre medias de esas dos películas, Garland llegó a involucrarse en otro importante proyecto que, sin embargo, no llegó a materializarse nunca. Estoy hablando de la adaptación a la gran pantalla del videojuego “Halo”, para la que Garland escribió un primer borrador cuando ésta iba a ser producida por Peter Jackson  y dirigida por un, por aquél entonces, debutante Neill Blomkamp.

Sin abandonar el que parece ser su género predilecto, Garland prosiguió sus andanzas como guionista de Hollywood escribiendo los libretos de “Nunca me abandones” y “Dredd”, el reboot/readaptación del popular -y violento- cómic creado por John Wagner y Carlos Ezquerra.

Después de escribir para otros, Garland ha decidido probar suerte en la dirección marcándose un Juan Palomo, esto es, rodando un guión propio. Y según venían contándonos desde el otro lado del charco, su estreno como cineasta parecía haberse saldado con buena nota. Y, a título personal, así lo corroboro.

El joven Caleb (Domhnall Gleeson) acude a una aislada mansión propiedad de un multimillonario programador con el fin de someterse a un extraño experimento: poner a prueba una inteligencia artificial instalada dentro de un robot con aspecto humano. O para ser más exactos, con el aspecto de una atractiva mujer. Pronto, el experimento se convertirá en una tensa batalla psicológica entre los dos hombres y el robot, poniendo nuevamente de relieve las vicisitudes entre el hombre y la máquina.

Ex Machina nos acerca de nuevo a la recurrente -dentro del género- temática de la inteligencia artificial. Y lo hace con una historia cuya mayor baza y principal sustento son las interacciones entre sus tres personajes principales (cuatro si contamos a Kyoko, una silenciosa asistente a la postre convertida en juguete sexual por su amo): Nathan (Oscar Isaac), el opulento y ególatra fundador de Blue Book, una empresa de tecnología punta; Caleb (Gleeson), un joven e ingenuo empleado de la misma elegido para sus propósitos; y Ava (Alicia Vikander), un robot humanoide con aspecto de mujer.

Los tres forman un triángulo viciado y corroído por los intereses propios y egoístas de cada uno de ellos, algo a lo que contribuye el frío y voyerista entorno en el que se desarrollan los acontecimientos: una lujosa mansión aislada a cientos de kilómetros de cualquier atisbo de civilización y convertida en un laboratorio con punteras medidas de seguridad. Para nada una acogedora morada en la que residir durante una semana. Y es que ese el tiempo que debe permanecer Caleb en dicho lugar. 


En un primer momento, el joven desconoce cuál es el propósito de su presencia allí, pero pronto Nathan le descubre el objeto del experimento que juntos han de llevar a cabo. Y este no es otro que realizar el Test de Turing a Ava, la última y adelantada creación de este adinerado genio de la informática. ¿Y qué es el Test de Turing? Pues una prueba  propuesta por  el matemático Alan Turing para demostrar la existencia de inteligencia en una máquina. Test en el que se inspiró Philip K. Dick para su ficticio test Voight-Kampff en “¿Sueñan  los androides con ovejas eléctricas” y al que pudimos ver sometido el replicante encarnado por Brion James al comienzo de “Blade Runner”.

En este caso, Nathan desea establecer los límites de su creación; conocer, a través de la experiencia y observaciones de Caleb, cuán real y humana puede llegar a ser o aparentar Ava. Para ello, se observan y estudian las reacciones y las respuestas del robot a las distintas cuestiones que Caleb le plantea durante sus sesiones/charlas. 

Pero poco a poco Caleb se sorprenderá a sí mismo albergando sentimientos hacia su “objeto de estudio”; sentimientos que van más allá, probablemente, de la mera empatía. Al mismo tiempo, el ambiente se irá enrareciendo entre Caleb y Nathan, convirtiendo su inicialmente amigable convivencia en una tensa y desafiante relación jefe-empleado. 

Instigado por Ava, Caleb empezará a sentirse incómodo con Nathan, albergando sospechas acerca de sus verdaderas intenciones para con él y el experimento. Recelos que le llevarán incluso a dudar de sí mismo (en uno de esos momentos cumbre de la película en el que Garland juguetea con una idea que a más de uno le habrá asaltado a la mente durante buen aparte del metraje). Una desconfianza que devendrá en algo mutuo entre los dos hombres y que irá creciendo con el paso de los días hasta alcanzar terribles consecuencias.


“Ex Machina” se erige así en un sórdido thriller psicológico acerca de la condición humana, haciendo especial énfasis en los miedos e inseguridades que provoca en nosotros la tecnología. ¿Pueden las máquinas llegar a comportarse como humanos? Si es así, ¿podríamos convivir con ellas o se convertirían en la especie dominante?  ¿Qué nos depara el futuro si la ciencia sigue avanzando y logramos crear inteligencia artificial a ese nivel? Por ahora sólo podemos elucubrar sobre estas cuestiones dejando volar nuestra imaginación en la ficción con en propuestas como la que nos ofrece Garland.

Teniendo en cuenta que las máquinas son creación del hombre, no es extraño que éstas sean un reflejo de nuestras virtudes y nuestros defectos. Sin embargo, ¿es posible introducir “alma” en una máquina? Existen particularidades inherentes en el ser humano que nos cuesta siquiera poder imaginar atribuidas a una máquina. Distintas emociones y sentimientos que poseemos y que, para bien o para mal, nos definen como especie y, a la vez, nos distinguen de otros seres vivos del planeta. ¿Podría una máquina alcanzar ese estatus de “humanización” suficiente para superar un Test de Turing?

Garland intenta respondernos a ello adentrándose en los confines de la psique humana y de lo que significa ser conscientes de nosotros mismos; de que somos seres pensantes (y a veces, hasta inteligentes). Y sin embargo, y pese a como se desarrollan los acontecimientos en la película, no podemos evitar posicionarnos del lado de Ava; a simpatizar con la robot por encima de nuestros congéneres. En cierto modo, “Ex Machina” se siente como una especie de moderna y tecnológica versión del Frankenstein de Shelley, sólo que en esta ocasión el “monstruo” adquiere los bellos rasgos de una atractiva androide. 

La resolución final al conflicto que plantea el guión es satisfactoria, si bien el modo de llegar hasta ella no lo es tanto, y es que hacia el tercio final es cuando las cosas se salen de madre y a Garland se le va la historia un poco de las manos (como ya le ocurriera en la citada “Sunshine”).  Una salida de tono (innecesariamente efectista) en el último acto que a punto está de arruinar lo que sin duda es, en conjunto, una muy estimable cinta de ciencia-ficción. Una película sobria que se apoya sobre todo en su contundente y reflexivo guión, y en unos personajes suficientemente bien definidos como para llevar todo el peso de la historia sin alardes de ningún otro tipo. Y es que aquí los efectos especiales son un simple y efectivo apoyo a la credibilidad del relato.



Valoración personal:

martes, 9 de diciembre de 2014

7º Aniversario de Amazing Movies



Un año más aquí me encuentro celebrando otro aniversario. Y ya van siete… Siete años dando el callo en la blogosfera, que no es poco. Siete años que han dado para muchas críticas y un buen puñado de artículos.

Como siempre, quisiera daros las gracias a todos los que os habéis tomado la molestia de invertir unos minutos leyéndome y, sobre todo, a los que seguís haciéndolo pese al reducido ritmo de actualizaciones que el blog ha sufrido durante estos dos últimos años. Y es que el trabajo no da tregua, y apenas deja tiempo (y energías) para dedicarse a ello.

Lo cierto es que no son pocas las veces que me he planteado echar el cierre, pero supongo que todavía necesito tener mi rinconcito cinéfilo; ese espacio en la red (aparte de Twitter) en el que verter mi pasión por el cine a través de mis escritos. Por ese motivo Amazing Movies seguirá adelante, vivito y coleando, durante una temporada más. Aunque sea publicando, como mínimo, un post al mes. Mejor eso que nada.

En esta nueva temporada es muy posible que las críticas de estrenos pasen a un segundo plano, dando prioridad a artículos como los que he venido escribiendo últimamente. Artículos como “Artistas de cine: Elmaravilloso arte del cartel ilustrado (de Saul Bass a Paul Shipper)”, “Devoradoresde cadáveres, del libro a la gran pantalla” o el más reciente “Santa Mira, yotras cinco ciudades de California que jamás han existido”. Es con este tipo de textos con los que actualmente más disfruto escribiendo, a sabiendas de que me lleva más tiempo y esfuerzo elaborarlos, y de que no suponen -en vista del la falta de comentarios que generan- un reclamo tan atractivo como la crítica de una película que esté en cartelera.

Así que espero que los que todavía frecuentáis Amazing Movies me acompañéis un año más en esta aventura. Porque sin vosotros, esto no tendría razón de ser.



Saludos!

domingo, 30 de noviembre de 2014

Santa Mira, y otras cinco ciudades de California que jamás han existido



Es algo habitual que en el cine, como en la literatura o el cómic, tanto escritores como guionistas sitúen sus historias en emplazamientos ficticios, es decir, lugares que no existen en el mundo real. Estos ambientes bien pueden ser pueblos, ciudades, islas o incluso países enteros. Por no hablar de la basta cantidad de planetas y galaxias inexistentes que pueblan la literatura y el cine de ciencia-ficción.

Estos lugares sirven a menudo a sus autores para aludir a otros que sí son reales, sirviéndose de ello para poder retratar una comunidad y sus habitantes sin tener que citarlos de forma directa. Esta elusión puede deberse tanto a razones políticas como sociales o de otra índole. También puede tratarse simplemente de una cuestión de comodidad, pudiendo el autor recrearse en su imaginación, tomando (o no) elementos de la realidad que le permitan ambientar el escenario ideal para su relato.

Sea por el motivo que sea, lo cierto es que se trata de una práctica muy común, y en este artículo veremos cómo el cine está trufado de ejemplos.

California es, curiosamente, el emplazamiento habitual de muchas de las ciudades ficticias que veremos a continuación. Quizás el motivo radique en que es ahí donde se encuentra Hollywood, el distrito más famoso de Los Ángeles, o que es uno de los estados que mejor representa el estilo de vida americano. O bien pudieran ser otras razones que un servidor no alcanza a descifrar. En cualquier caso, ahí es donde se ubica Santa Mira, una de las ciudades más frecuentes en la ficción.

Seguramente Santa Mira no sea la primera ciudad que os ha venido a la mente al empezar a leer el artículo, pero es, con toda probabilidad, la que sin saberlo más veces habréis visitado. Y es que se trata de una ciudad bastante recurrente, no sólo en el cine. Ahí es donde tuvo lugar la silenciosa invasión alienígena de “La invasión de los ladrones de cuerpos”, la primera adaptación cinematográfica de la novela de Jack Finney. 

Santa Mira volvería a aparecer, muy distinta a como la conocimos en el film de Siegel, 25 años después en “Halloween III. El día de la bruja”, la tercera y libérrima entrega de la saga de Michael Myers (esta vez sin el popular psychokiller). A dicha ciudad se trasladaban los protagonistas con el fin de investigar un misterioso asesinato relacionado con “Silver Shamrock Novelties”, una fábrica de máscaras para Halloween. También en “Memorias de un hombre invisible” volveríamos a encontrarnos con otra Santa Mira. Y así en otras tantas películas para televisión, series y novelas. Por supuesto, nunca se trata de la misma ciudad, pues cada autor la adapta a su gusto.


 Más conocidas serán para el lector ciudades como Woodsboro, Sunnydale o Hill Valley. Todas ellas pertenecientes, en un momento u otro, al estado de California.

Woodsboro es la ciudad en la que transcurren las películas de la saga Scream. El Condado de Sonoma aportó las localizaciones reales para el rodaje, utilizándose el instituto Sonoma Community Center para simular el de Woodsboro High. Curiosamente, estaba previsto que para su filmación se empleara como escenario la escuela Santa Rosa High School, pero el consejo escolar se negó en rotundo después de leer el guión de Craven.

Sunnydale, conocida también por ser “la boca del infierno”, es la ciudad en la que transcurre la serie “Buffy, cazavampiros”. Su alcalde y fundador, Richard Wilkins, fue uno de los demonios a los que Buffy tuvo que derrotar. Whedon concibió Sunnydale como una clara parodia a los pueblos “en los que nunca ocurre nada” tan típicos de las películas de terror americanas. Lo cierto es que para ser una “ciudad pequeña”, Sunnydale daba cobijo a unos 40.000 habitantes, y disponía de diversos colegios, una universidad, numerosos cementerios, un zoológico, un museo, cuatro parques (Weatherly Park, Glebe Park, Radcliff Park y Nelson Park), una estación de tren, otra de autobuses y hasta un pequeño aeropuerto. Por tener, tenía hasta una base militar.


 Hill Valley, por su parte, es el hogar de Marty McFly en la trilogía de “Regreso al futuro”. Podemos contemplar su evolución a lo largo de los años mediante los viajes en el tiempo que realiza McFly con el DeLorean/máquina del tiempo de Emmett Brown (Doc, para los amigos). Por tanto, vemos cómo luce la ciudad en el presente (1985) y en el pasado (1955) en el transcurso de la primera entrega; en el presente y en el futuro (2015) en la segunda; y en un pasado lejano (1885) en la tercera. Debido a estos cambios constantes en el escenario, los productores desecharon la idea de rodar en localizaciones reales (la elegida iba a ser Petaluma, California) y optaron por construir la ciudad en los estudios de Universal. A excepción de la tercera entrega, que fue rodada en Sonora, donde pudieron alquilar unas tierras a condición de que una vez finalizado el rodaje dejaran allí los edificios construidos, a modo de reclamo turístico.


 Otra ciudad ficticia de California a destacar sería Toontown (o Toon Town), hogar de los “dibus”, los dibujos animados de “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”. A excepción de los humanos y de los objetos relacionados con su mundo, todo en Toontown está representado en forma animada o de caricatura (los edificios, el mobiliario urbano, los vehículos, sus antropomorfos habitantes…). En semejante lugar, las leyes de la física no responden a la realidad que conocemos.  Tanto un dibu como un humano podrían, por ejemplo, sobrevivir a una caída desde una gran altura; si bien el primero tendría más posibilidades de acabar en la morgue que el segundo.


A Toontown se accede a  través de un túnel situado a las afueras de Los Ángeles, una especie de portal que conecta el mundo real con una dimensión alternativa conocida como "Tooniverse".  

Y por último nos queda San Angeles, que ha sido el escenario distópico de películas como “Demolition Man” o “Doble Dragón”, si bien su primera aparición iba a producirse una década antes, con “Blade Runner”. Finalmente, en la cinta de Ridley Scott acabaría figurando una Los Ángeles alternativa.

Tanto la San Angeles de “Doble Dragón” (año 2007) como la de “Demolition Man” (año 2032) son fruto de un catastrófico terremoto, algo que no es de extrañar teniendo en cuenta que la verdadera ciudad de Los Ángeles se ubica en el conocido como Cinturón de Fuego del Pacífico, una región de intensa y muy inestable actividad sísmica.

En la primera “Doble Dragón”, dicho terremoto da lugar a una megalópolis fruto de la fusión de Los Ángeles y San Diego, estando la mitad de la ciudad sumergida bajo el agua. En el film de Stallone, en cambio, el terremoto destruye Los Ángeles de 2010 dando lugar a una ciudad que se extiende desde San Diego a Santa Bárbara.

Existen otras ciudades ficticias en California, como Angel Grove de los Power Rangers, o Charming de la (soberbia) serie de televisión “Sons of Anarchy”. 

Por supuesto, éste no es el único estado en el que los guionistas ubican sus urbes. Hay otros que compiten también por ser los más propensos a cobijar lugares de ficción, como por ejemplo Pensilvania, Massachusetts, Kansas o Maine, éste último habitual en las novelas de Stephen King (ahí se erigen los pueblos de Jerusalem's Lot, Derry o el más recurrente Castle Rock). Pero California es, sin duda, el estado de los EE.UU. con más ciudades inventadas, algunas de las cuales seguramente nos hubiera gustado poder visitar.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Sitges 2014 - Día 9 (Último día): Ex-novias en plena descomposición y soldados atrapados en territorio enemigo


El presente post es el último dedicado al Festival de Sitges de 2014. El décimo día, centrado en la proyección de maratones, fue el de regreso a casa, por lo que no hubo oportunidad de visionar más películas. Estas son, pues, las últimas reseñas que quedaban pendientes. Todavía habría que añadir las dos películas (Wayrmwood y Goal of the Dead) vistas durante la Maratón Zombie de ese mismo día, pero dado que la falta de sueño me tuvo medio adormecido durante toda la proyección, he preferido obviar sus críticas. Aunque aún gozando de plenas facultades durante su visionado dudo que mi opinión al respecto difiriese de la que actualmente me merecen. Y es que ambas me parecieron bastante prescindibles.


Buryed th Ex

No cabe duda que Joe Dante ha sido uno de los cineastas clave del cine fantástico de los 80. El director, que comenzó su carrera como editor -y posteriormente director- bajo la tutela de Roger Corman, nos ha entregado joyitas tan míticas de aquella maravillosa década como “Gremlins”, “Aullidos” o “El chip prodigioso”, por citar algunas de sus más populares cintas. Es por ese motivo que Dante merece toda nuestra admiración y nuestro respeto.

Pero las cosas como son. Desde su última –y apreciable – película a finales de los noventa, “Pequeños Guerreros”, Dante no ha dado pie con bola. Amén de sus trabajos para la pequeña pantalla (episodios para serie como “Gritos en la noche” o “Masters of Horror”), lo cierto es que sus labor cinematográfica evidencia un enorme empobrecimiento de sus virtudes como cineasta. El declive ya se percibía en la secuela de los “Looney Tones”, y posteriormente lo han confirmado “The Hole” (Miedos 3D) y la presente “Buryed th Ex”.

Y es una lástima sobre todo en el caso de estas dos últimas, pues son dos películas que parten de unas premisas bastante prometedoras, pero a las que no se ha sabido sacar provecho.

Nunca es fácil romper con tu pareja, pero aún es más difícil si se ha convertido ¡en un zombie! Esto es el problemón que se le ha venido encima a nuestro protagonista.

El día en el que Max (Anton Yelchin) decide romper con su novia, Evelyn (Ashley Greene), ésta sufre un fatal accidente y muere. Pese a la desgracia, Max intenta rehacer su vida con la encantadora Olivia, una chica con la que tiene mucho común. Por desgracia para ambos, Evelyn vuelve a la vida como una no-muerta para estar con Max, por lo que ésta no tendrá más remedio que anunciarle su deseo de romper la relación. Pero hacerlo resultará mucho más complicado de lo que hubiera sido hacerlo mientras estaba viva.  Y es que una mujer despechada no es nada comparado con ¡una mujer zombie despechada!  

“Buryed th Ex” intenta ser una comedia de terror pero se queda a media gas en todo. Aunque el joven reparto se esfuerza en ello (inclusive la habitualmente insulsa Ashley Green), el humor del que hace gala es bastante descafeinado, y esos aires a telefilme no le sientan nada bien a una producción que, aún con su limitado presupuesto, debería lucir mucho mejor teniendo a quién tiene detrás de las cámaras. Y es que la dirección de Dante no destaca en lo más mínimo, ni hay rastro de su característico gamberrismo.





Monsters: Dark Continent

Dada las buenas críticas y su buen rendimiento en  taquilla (en proporción a su paupérrimo presupuesto), no era de extrañar que una película como “Monsters” acabara teniendo una secuela. Ha tardado más de lo que estaba previsto, pero pasados cuatro años ve por fin la luz “Monsters: Dark Continent”. Y lo hace siguiendo la misma pauta que su predecesora: tratar la invasión extraterrestre como un elemento secundario en la historia.

La película del debutante Tom Green nos ubica siete años después de los acontecimientos narrados en el anterior film. Las zonas infectadas se han extendido por todo el mundo y los humanos, desplazados de la parte alta de la cadena alimenticia, sobreviven como pueden en pequeños núcleos. En este contexto, un grupo de soldados norteamericanos son enviados en una misión de búsqueda de un soldado norteamericano caído en una zona infectada. Pero cuando la unidad de Noah, un veterano soldado, es asaltada y prácticamente aniquilada, él y un joven cadete sin experiencia deberán luchar por sobrevivir al acoso de un enemigo mucho peor que los alienígenas a los que combaten diariamente.


Ante todo, se agradece que esta segunda parte no se limite a repetir el esquema narrativo de la entrega original, y que sí nos proporcione un escenario nuevo y unos personajes diametralmente opuestos a los que conocimos en aquella. Sin embargo, esta secuela tiene exactamente los mismos problemas que su antecesora: intenta tocar tantos géneros a la vez que termina fracasando en ello. 

Ya “Monsters” me pareció una cinta fallida que no lograba encontrar el punto de equilibrio entre la road movie romántico-dramática y la monster-movie de terror/ciencia-ficción. Y aquí, de no ser por la puntual presencia de los dichosos alienígenas, parecería que estuviésemos, dado los elementos que maneja, ante un drama bélico sobre la Guerra de Irak. Y aunque conceptualmente la idea no está mal concebida, lo cierto es que pronto se viene todo abajo debido a unos personajes por los que uno no logra sentir la más mínima empatía, y a las ínfulas de un director que persigue desesperadamente un lirismo visual a base de alargados y repetitivos planos detalle. Aunque en un primer momento pueda resulta interesante, lo cierto es que “Monsters: Dark Continent” no tarda en convertirse en un film soporífero hasta la extenuación, algo a lo que contribuye no sólo su farragoso desarrollo sino también sus eternas dos horas de duración.





lunes, 27 de octubre de 2014

Sitges 2014 - Día 8: Animes en todos sus formatos, Mad Doctors y comisarías que arden





Lupin The Third

Siguiendo el ejemplo de otros muchos mangas/animes convertidos en live-action, ahora le toca el turno a “Lupin III”, personaje creado por Kazuhiko Kato que, además de en revistas, también ha aparecido en la pequeña pantalla en formato anime con una serie de hasta tres temporadas (además de diversos OVA).

Esta adaptación con actores reales tiene tras las cámaras a Ryuhei Kitamura, que ya ha llevado otros cómics japoneses a la gran pantalla (Alive, Sky High…). Y quizás las mayores virtudes de la película residan en su elegante dirección y en el cuidado diseño de producción, ya que por lo demás la cinta carece de la esencia de la fuente original.

No siempre es fácil trasladar un manga/anime al formato live-action, y en muchas ocasiones es un error siquiera intentarlo, ya que los códigos narrativos son muy distintos. Aquí se ha intentado ser fiel a la estética de la obra de Kato en cuanto al look de los personajes, si bien la personalidad de los mismos no se asemeja del todo a la de sus homónimos. En ese aspecto, quizás el más conseguido de todos sea el Inspector Zenigata, ya que el resto, y muy especialmente el propio Lupin y su amada Fujiko, poco o nada tienen que ver con los entrañables personajes que muchos conocimos a raíz de la serie de televisión. Amén de que las interpretaciones del reparto dejan bastante que desear.

Por otro lado, la historia se centra en cómo formaron equipo por primera vez el variopinto grupo de ladrones, y tanto la acción como el humor resultan, la mayor parte del tiempo, demasiado pobres, cuando no ridículos. Y para una película que dura algo más de dos horas, eso es intolerable.



Tusk

Después de enfangarse en el subgénero de las buddy movies con un Bruce Willis cada vez más en horas bajas, y tropezar con ese mejunje de géneros que era la fallida “Red State”, Kevin Smith apuesta ahora por el género de terror. Pero claro, tratándose de Smith, “Tusk” es todo menos una cinta convencional. Y seguramente la marcianada que el director se ha cascado entusiasmará a su idolatrante colectivo de fans, pero para el que esto escribe está muy lejos de ser una buena película. Ni tan siquiera una buena mala película.

Wallace Bryton (Justin Long) y Teddy Craft (Haley Joel Osment) son un par de amigos populares en la red por sus socarrones podcast. En ellos se burlan de los videos virales de moda. Con el fin de ganar adeptos y contentar a sus oyentes, Bryton viaja a Canadá para entrevistar a Kill Bill Kid, una celebridad de Internet famosa por cortarse por accidente la pierna en uno de los susodichos vídeos. Sin embargo, cuando llega a su destino sus planes se truncan, por lo que necesita encontrar una historia de reemplazo. Así es como Bryton acabará en la mansión de Howard Howe (Michael Parks), lugar en el que sucumbirá a las atrocidades de su lunático anfitrión.

Aparte de recuperar a un desmejorado Haley Joel Osment y contratar a un irreconocible Johnny Depp con el disfraz de turno para un pequeño papel, poco más hay que destacar de esta grotesca y absurda ¿comedia de terror? a la que Smith no logra cogerlo el tono a nada. Ni resulta lo suficientemente divertida para ser cómica, ni lo suficientemente terrorífica para ser escalofriante.

Lo hilarante de la premisa, así como su desarrollo, harán las delicias del espectador que logre conectar con la historia desde el principio. Pero si eso no ocurre, como fue mi caso, los poco más de 100 minutos se pueden hacer algo indigestos. Y es que esta especie de Dr. Frankenstein de las morsas es un despropósito de cabo a rabo.




Saint Seiya: Legend of Sanctuary

Para muchos de nosotros, series ochenteras como “Bola de Dragón”, “Ranma” o “Los Caballeros del Zodíaco” (como se conocieron por estos lares), fueron nuestro primer contacto con el anime. Somos muchos (toda una generación) los que guardamos un grato recuerdo de las horas y horas de grato entretenimiento que estos dibujos animados nos proporcionaron. Por eso duele ver como algo que forma parte de nuestra más tierna infancia es mancillado con un mediocre producto como el presente.

De Saint Seiya se han hecho ya numerosas películas animadas, pero “Saint Seiya: Legend of Sanctuary” es la primera generada enteramente por ordenador. Ni que decir tiene que en algunos aspectos visuales el cambio es sustancial y a mejor. Por ejemplo, las brillantes armaduras que lucen los Caballeros son realmente espectaculares, así como los cuidados escenarios ganan en detalle. Por el contrario, esta nueva tecnología es incapaz (por cuestiones de presupuesto, muy seguramente) de ofrecer la misma calidad en cuanto a la expresividad de los personajes, incapaces éstos de transmitir emoción alguna al espectador. Para colmo, la trama se reduce a una sucesión de combates uno tras otro sin apenas mayor hilo argumental que una ramplona historia más propia de un videojuego que de una película.

En definitiva, un vacío subproducto que no resiste comparación alguna con la serie original u otros OVA de la franquicia.

Mucho mejor parado salió el Capitán Harlock de este lavado de cara digital. Tampoco es que “Space Pirate Captain Harlock” mantuviera la esencia de la serie homónima, pero al menos el resultado, si bien algo pretencioso, era más ameno y podía presumir de tener ese bien tan preciado llamado “guión”.




Bayonetta: Bloody Fate

El mundo de los videojuegos es algo que me resulta extremadamente ajeno y distante. Con deciros que mi última videoconsola fue una Mega Drive, os haréis una idea de lo desconectado que puedo llegar a estar de este sector. Por eso debo reconocer mi más absoluto desconocimiento hacia el videojuego en el que se basa “Bayonetta: Bloody Fate”. Por suerte para mí, no es necesario conocer nada acerca del mismo para disponerse a ver esta adaptación anime.

Tiempo atrás, el mundo de los hombres, el infierno y el paraíso estaban en orden, hasta que se desató odio entre los clanes, provocando una guerra sangrienta que terminó con la existencia de las brujas en Europa durante la Edad Media. Murieron todas a excepción de Bayonetta, que despierta ahora tras 500 años sumida en un largo sueño. Incapaz de recordar nada de su vida pasada, Bayonetta deberá enfrentarse de nuevo a un poderoso enemigo.

Como suele ser habitual, la animación (tradicional) es excelente, y es que en eso los japoneses no tienen rival. En cambio la historia, aunque atractiva, queda algo desaprovechada, reduciéndose a una mera excusa para llenar la pantalla de escenas de acción. Muy espectaculares todas ellas, eso sí, pero insuficientes para mantener el interés del espectador. Ni la marcada sensualidad de Bayonetta, con su provocativa vestimenta y sus generosos atributos sexuales, suponen aliciente suficiente para disfrutar de un evidente “producto de merchandising” destinado al olvido.





Let Us Prey

Con reminiscencias claramente carpentenianas que el propio director ha admitido, se nos presenta “Let Us prey”, un debut que podría haber sido realmente estupendo si se hubiera sabido sacar partida de su llamativa premisa.

Rachel, una policía novata, empieza su primer turno de noche en la comisaría de policía de un tranquilo pueblo. Todo parece desarrollarse con normalidad hasta que un enigmático extraño hace acto de presencia. Confinado en una celda, el extraño empezará a manifestar un poder sobrenatural capaz de influir en la mente de sus captores y del resto de reclusos. A partir de ese momento, se desatará el infierno en la comisaría.

Los demonios interiores de cada personaje salen a relucir y convierten una tranquila y rutinaria noche en comisaría en una auténtica pesadilla. Pero para pesadilla la del espectador, que se aburre como una ostra a lo largo de apenas 90 en los que prácticamente no ocurre nada interesante. Parece como si la película no terminara nunca de arrancar, y cuando por fin lo logra es para desplegar el apoteósico colofón final en el que la supervivencia de la protagonista pasa por liarse a tiros con todos los locos psicópatas del lugar.

Partiendo de la base de reunir a un grupo de pecadores en una especie de juicio final con el mismísimo Diablo (o eso parece deducirse) en las labores de juez y jurado, hubiera estado bien que no se resumiera todo en un “sálvese quien pueda” mientras intentan matarse unos a otros. Se debería haber profundizado más en la psicología de los personajes, y dar algo más de juego a los distintos pecados de los que son culpables.




lunes, 20 de octubre de 2014

Sitges 2014 - Día 7: seis historias para reír, psicópatas asexuales, detectives inmorales y guerreros vengativos


Relatos Salvajes

Presente ya en nuestras carteleras nos encontramos con esta divertida comedia negra argentina compuesta por varios episodios con un denominador común: la ira. Un total de seis historias autoconclusivas en las que vemos cómo los protagonistas se dejan llevar por sus impulsos, por sus instintos más bajos/primarios o simplemente por venganza. Personajes que pierden el control o que son víctimas de quienes cruzan la frontera entre lo civilizado y lo salvaje. 

Citándose la serie “Cuentos asombrosos” de Steven Spielberg como referente (aunque yo más bien apostaría por la película “En los límites de la realidad”, también producida por el –antaño- Rey Midas de Hollywood), Damián Szifrón deja al descubierto la cara menos amable del ser humano a lo largo de seis historias que pese su punto surrealista pueden resultarnos muy cercanas. Y es que en algunos cortos como el de “El más fuerte”, con Leonardo Sbaraglia, o el de “Bombita”, con el gran Ricardo Darín, podemos sentirnos perfectamente identificados con la rabia e impotencia que sienten sus protagonistas. ¿Quién no ha estado a punto de estallar por culpa de un conductor imbécil? O ha deseado liarse a gritos con el conductor de la grúa que se te ha llevado el coche… Y es que nunca se sabe de lo que podemos ser capaces cuando nos tocan bien tocadas las narices.

Amén de lo hilarante de los seis segmentos que componen “Relatos Salvajes”, hay que destacar que para ser una película de episodios el conjunto mantiene un nivel bastante alto. A menudo, este tipo de cintas suelen resultar muy irregulares, bien porque sus autores (directores, guionistas…) son distintos o bien simplemente porque no todas las historias gozan de la misma calidad. Pero aquí es Szifrón quién se encarga tanto de la dirección como de la escritura del guión, y aunque es inevitable que unas historias nos gusten más que otras, lo cierto es que en general ha dado en el clavo en todas y cada una de ellas, consiguiendo un filme muy equilibrado y que no decae en la transición de un corto a otro.




Aux yeux des vivants

La pareja de directores formada por Alexandre Bustillo y Julien Maury dieron su gran salto al cine con la brutal “À l'intérieur”, dejando una huella imborrable dentro de la nueva hornada de terror galo surgida a principios de la década pasada. Tuvieron que pasar cuatro años para comprobar si estos chicos iban a revolucionar el género o si lo suyo había sido un golpe de suerte. Y a juzgar por su segundo trabajo, la olvidable “Livide”, más bien parecía lo segundo.

Pero con “Aux yeux des vivants” llega la confirmación: Bustillo y Maury ya no tienen nada que ofrecer al género. O al menos eso es lo que se deduce de su último trabajo, que mezcla desafortunadamente el subgénero psychokiller con el cine juvenil ochentero al estilo “Cuenta conmigo”. El batiburrillo no puede resultar más indigesto…

Una simple premisa (porque de historia hay más bien poca) sirve de excusa a los directores para mostrar en pantalla la dosis suficiente de casquería para contentar a los menos exigentes. Pero para el que pide un poco, como un servidor, el resultado no pasa de ser que un slasher mediocre y, lo que es peor, aburridísimo.




Filth

Misógino, pervertido, corrupto, infiel, mezquino, adicto a las drogas y al alcohol... Así es Bruce (James McAvoy), el protagonista de esta irreverente comedia negra acerca de una detective escocés dispuesto a todo por conseguir un ascenso.

Bruce Robertson es, por decirlo claro, un tipo despreciable. Su comportamiento con sus compañeros, amigos y amantes es absolutamente recriminable. ¿Pero hay algún motivo que justifique su conducta? Sí, lo hay, y eso es lo más interesante de la película de Jon S. Baird. Quizás el director no profundice lo suficiente en la psicología del personaje, pero es hacia el final de la película cuando empezamos a compadecernos de alguien como él.

Aunque la mayor parte de los minutos están dedicados a mostrarnos la peor cara de Bruce, hay otro momentos suficientemente significativos para revelarnos el lado humano y trágico de su tortuosa existencia. Y son esos momentos, precisamente, los que suben la nota de una película que a veces se pierde un poco en sus excesos.  Uno no se implica del todo en la historia hasta que ésta no abraza su lado dramático, que es cuando parece que la trama por fin va hacia alguna parte. El desenlace, inesperado y crudo, es el que mejor casa con el tono de la película.      




Sword of Vengeance

¿Se necesita un guión para rodar una película? No necesariamente. Así lo demuestra Jim Weedon, que consigue llenar unos escasos (por suerte) 87 minutos a base de espadazos y sangrienta violencia.

Un príncipe normando regresa al hogar en busca de justicia por el asesinato de su padre, muerto a manos de su tío, Earl Durant. Por el camino, se ganará la confianza y lealtad de unos granjeros exiliados, que lucharán junto a él contra el ejército de Durant. Pero la sed de sangre del protagonista le llevará a sacrificarlo todo (y a todos) con tal de consumar su venganza.

Mucha cámara lenta acompañada de una estruendosa banda sonora, un insulso protagonista hierático y parco en palabras (por no decir carapalo y prácticamente mudo) y unos secundarios no mucho mejores que éste, para un filme de venganzas con pocos (y malos) diálogos pero repleto, eso sí, de acción. Desgraciadamente, ni tan siquiera ésta está dirigida con un mínimo de rigor.

Un definitiva, un auténtico subproducto de videoclub que, para colmo, se hace pesado, y al que no merece dedicarle más párrafos.