sábado 21 de enero de 2012

“Silencio en la nieve” (2011) – Gerardo Herrero

Crítica Silencio en la nieve 2011 Gerardo Herrero
Uno de los conflictos bélicos que más veces se ha abordado en el cine es, sin lugar a dudas, la Segunda Guerra Mundial. Y probablemente los americanos sean los más prolíficos en este campo dada la potente industria cinematográfica que poseen (y lo mucho que les gusta vanagloriarse de su incursión). Sin embargo, no son los únicos, y otros países, tanto del bando de Los Aliados como del bando del Eje, también han realizado, con mayor o menor fortuna, producciones que han reflejado -desde su propio punto de vista- distintos episodios de tan terrible y devastadora guerra.

Durante la II G. M., España mantuvo una (discutible) posición neutral respecto a ambos bandos, con lo cual es lógico que nuestro cine se haya interesado más bien poco en este tema y se haya centrado más en conflictos bélicos que nos atañen directamente, como la Guerra Civil, el más importante de nuestra historia reciente.

No obstante, y como ya insinúo en el párrafo anterior, esa neutralidad de nuestro país frente a la guerra no era tal, por lo que sí hubo participación de soldados españoles. Por aquél entonces, Franco pactó un acuerdo con Hitler por el que le prestaba su ayuda en el momento en el que se iniciara la invasión de Rusia. Cuando esto ocurrió, entró en acción la División Azul, un cuerpo de voluntarios españoles que lucharon codo con codo (aunque no sin discordia) con el bando alemán.
En ese contexto es en el que se sitúa “Silencio en la nieve”, la última película del director y productor Gerardo Herrero.

Frente de Rusia, invierno de 1943. Un batallón de la División Azul se topa con una serie de caballos sumergidos bajo el hielo de un lago congelado. Junto a uno de los caballos, aparece el cadáver de un soldado español. Un corte le atraviesa el cuello de lado a lado, y en el pecho tiene una inscripción grabada a cuchillo: "Mira que te mira Dios". Los mandos encargan la investigación al soldado Arturo Andrade (Juan Diego Botto), un exinspector de la policía que asume la tarea con rigor y profesionalidad, y al que le asignan como ayudante al sargento Espinosa (Carmelo Gómez).

La película, basada en la novela “El tiempo de los emperadores extraños” del escritor madrileño Ignacio del Valle, se ubica en un contexto bélico sin posicionarse políticamente hacia ninguno de los bandos enfrentados. Esto es así porque el pilar de la historia es una trama criminal sin las pretensiones añadidas de ser un relato histórico de dicho acontecimiento ni de la participación de la División Azul en el mismo, un tema por otra parte poco tratado en el cine.


El descubrimiento de un soldado asesinado es el punto de partida de una trama detectivesca que involucra a dos miembros de la División Azul encargados de la investigación. Uno de ellos es Arturo Andrade, un hombre reservado que fue inspector de la policía durante la II República y los primeros meses del franquismo. El otro es el Sargento Espinosa, un tipo pesimista convencido de que la derrota ante el enemigo es inminente. Ninguno de los dos parece demasiado convencido de la lucha contra el Ejército Rojo, pero en estos momento algo más importante ocupa sus quehaceres diarios. Ambos se entregan concienzudamente al caso de asesinato que les han asignado, tratando de recabar información acerca de la víctima y de todos aquellos con quienes mantuvo algún contacto. Sus sospechas iniciales atribuyen el móvil del asesinato a motivos políticos, probablemente un ajuste de cuentas por parte de algún quintacolumnista. Sin embargo, la inscripción que el asesino dejó marcada en el cuerpo, "Mira que te mira Dios”, resulta desconcertante. No será hasta que la citada frase cobra significado cuando se den cuenta que detrás de todo se oculta una perversa venganza y que el cadáver del soldado puede ser el primero de otros tantos si no logran atrapar al asesino a tiempo.

Herrero maneja con bastante solvencia esta historia criminal que, si por algo destaca, es por ubicarse en medio de una guerra sin tregua, mostrándonos de forma colateral la locura de la contienda y los rifirrafes entre soldados españoles y soldados alemanes. También se hace hincapié en las desconfianzas interna entre los propios miembros de la División Azul, formada tanto por falangistas voluntarios y fascistas radicales que no pertenecían a Falange como por republicanos. Todo ellos enrolados “voluntariamente” a luchar contra el comunismo. Además, en el guión también se refleja la caza de brujas entre los masones (tanto de derechas como de izquierdas) que hubo tras la Guerra Civil Española y que, tal como comprobaremos, SPOILER -- resulta ser el desencadenante de los asesinatos -- FIN SPOILER.

La caza al asesino nos mantiene intrigados durante buen parte del metraje gracias a que el desarrollo de la investigación avanza sin prisas pero también sin pausas, facilitando poco a poco esa información que nos irá descubriendo quién se esconde detrás de tan brutal asesinato y el por qué de sus actos.


Puede que alguna situación resulte algo forzada, y no cabe duda que el affaire del protagonista con la muchacha rusa y la relación que éste entabla con un niño huérfano poco aportan a la historia (aunque quizás sí ayudan a definir un poco su personaje), pero en líneas generales es una película que funciona gracias a su intriga y a la sólida construcción de sus personajes. Así como al correcto trabajo de todo su reparto, sin excepciones; desde la pareja protagonista formada por Juan Diego Botto (que, reconozco, nunca ha sido santo de mi devoción) y Carmelo Gómez, hasta el variado elenco de secundarios (el casi siempre poco aprovechado Víctor Clavijo, un desafiante –aunque un pelín estridente- Sergi Calleja, un simpático e inocente “chófer” de correos a cargo de Jordi Aguilar, etc.).

Merece también la pena resaltar el cuidadísimo diseño de producción y el trabajo de fotografía que, en conjunto, logran ambientar creíblemente esta historia ubicada en plena Segunda Guerra Mundial.

“Silencio en la nieve” es un interesante thriller ubicado en un entorno cruel donde la muerte y la miseria son el pan de cada día, y en donde la pareja protagonista intenta poner algo de orden y justicia. No es una película perfecta, pero el resultado es estimable, amén de que resulta una propuesta bastante instructiva –sin caer en el tono documentalista- en lo que al tema de la División Azul se refiere.




Valoración personal:

jueves 19 de enero de 2012

Millennium en Doctortrade

Millennium en Doctortrade

La semana pasada se estrenó la adaptación americana del primer libro de la Saga Millenium a cargo de David Fincher, versión que ha cosechado muy buenas críticas y de la cual ya dejé mi opinión personal en el blog. Precisamente, y como ya comenté en la correspondiente crítica, la obra de Larsson tuvo sus primeras adaptaciones en su Suecia natal, así que si sois fans de las mismas u os interesa descubrirlas por primera vez, ahora tenéis la oportunidad de adquirirlas a buen precio en Doctortrade. Encontraréis Los Hombres que no Amaban a las Mujeres, La Chica que Soñaba con una Cerilla y un Bidón de Gasolina y La Reina en el Palacio de las Corrientes de Aire a partir de 5 euros.

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Saludos ;)

viernes 13 de enero de 2012

“Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres” (2011) – David Fincher

Crítica Millennium 2011 David Fincher
Quizás lo peor que le pueda ocurrir a un escritor es no poder saborear el éxito de su obra. Ese sería precisamente el caso del sueco Stieg Larsson, que falleció antes de ver cómo su trabajo póstumo, la Trilogía Millennium, se convertía en un éxito de ventas (65.000.000 de ejemplares en 46 países).

Larsson escribió tres novelas de carácter policiaco/criminal tituladas “Los hombres que no amaban a las mujeres”, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” y “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, y que cronológicamente conforman la susodicha saga.

Cada cierto tiempo se repite este “fenómeno best-seller” (a menudo, literatura “fast-food” para todos los públicos, incluso para aquellos que lo único que han leído en su vida es el libro de la autoescuela), y del mismo modo que le ocurrió a Dan Brown y su Da Vinci, pronto se quiso sacar provecho del éxito de las novelas trasladándolas a la gran pantalla. Los propios suecos fueron los primeros interesados en rodar una película por novela y tratando de ajustarse fielmente a lo escrito por Larsson. Posteriormente, a estas tres películas le siguió una miniserie de televisión. Todo ello sirvió para aumentar aún más la popularidad del desaparecido escritor y catapultar al estrellato a su actriz protagonista, Noomi Rapace, a la que recientemente hemos podido ver en “Sherlock Holmes: Juego de sombras” (su modesto aterrizaje en Hollywood).

Pasada la euforia inicial, en Columbia decidieron que ellos también querían ser participes del éxito de Larsson y sus novelas de largos y abstractos títulos. Por ello decidieron tirar de la opción más manida: el remake. Versionar la primera película sueca o, si se prefiere, volver a adaptar la novela (según el resultado, parece una cosa u otra), era lo más preferible dado que a los americanos (en su mayoría), al igual que a los españoles (en su mayoría), no les gusta leer subtítulos, por lo que distribuir la cinta original equivaldría muy seguramente a estrellarse en taquilla. Claro que esto último también le podría pasar al remake, tal como le ocurrió –injustamente, todo sea dicho- a “Déjame entrar” de Matt Reeves. Pero estos productores fueron un poco más precavidos y le encargaron la tarea a un director de peso y elevado reconocimiento: David Fincher.

En medio de un escándalo por difamación, el periodista financiero Mikael Blomkvist (Daniel Craig) es contactado por uno de los empresarios más ricos de Suecia, Henrik Vanger (Christopher Plummer), para que investigue en profundidad la desaparición, muchos años atrás, de su querida sobrina Harriet. Vanger está convencido de que Harriet fue asesinada por uno de los miembros de su numerosa familia, por lo que Blomkvist tendrá que dar con el asesino estudiando minuciosamente el día de la desaparición de la joven. Para ello, el periodista contará con la ayuda de Lisbeth Salander (Rooney Mara), una inusual pero ingeniosa investigadora (y habilidosa hacker) que trabaja para Milton Security.


Para los que hayan leído las novelas y/o visto las adaptaciones suecas, probablemente el interés de esta versión americana radique exclusivamente en comprobar lo que ha hecho Fincher con semejante material. Esto les permitirá juzgar su trabajo como adaptación fiel o no a la novela y/o como mejor o peor versión respecto a la original sueca. Para los que jamás nos hemos acercado a la obra de Larsson en ninguno de sus formatos, es la oportunidad de volver a ver al director enfrascado en un thriller policiaco tras “Seven” y “Zodiac”.

La historia de “Millennium” se enmarca en Suecia (en una Suecia donde absolutamente nadie habla sueco…) en la ficticia ciudad de Hedestad, y más concretamente en la isla de Hedeby, lugar de residencia de Henrik Vanger y buen parte de su familia, con la que no mantiene ningún contacto a excepción de su sobrino Martin. Hasta allí se desplaza Mikael Blomkvist con la intención de llevar a cabo la investigación de la desaparecida Harriet bajo el falso pretexto de escribir una biografía sobre Henrik.

A medida que Blomkvist va conociendo a varios miembros del clan Vanger y va avanzando en sus pesquisas, se da cuenta que hay una verdad aún mayor y más oscura oculta detrás de la desaparición de Harriet y que podría tener relación con una serie de terribles asesinatos ocurridos en el país. Es en ese instante cuando se da cuenta que necesita ayuda para resolver el caso, y nadie mejor que Lisbeth Salander, la persona que el mismo Henrik Vanger contrató para que le investigara a él antes de solicitar sus servicios.



La trama de la película podría pasar tranquilamente por una más de “asesinos en serie” si no fuera por dos elementos cruciales de la misma: por un lado está el hecho de enmarcar la investigación dentro de un núcleo tan cerrado como es el de una adinerada familia sueca de la que poco a poco iremos conociendo más detalles (desde el pasado nazi de varios de sus miembros hasta las profundas desavenencias existentes entre ellos tras el misterio en torno a Harriet Vanger). Esto permite centrar las indagaciones del protagonista y, por ende, del espectador, en un único foco de sospechosos a lo “Diez negritos” de Agatha Christie, descartando uno a uno a los susodichos familiares hasta dar con el culpable.

Por otro lado está el peculiar personaje de Lisbeth Salander (vulnerable a la par que resistente/superviviente), una rara avis dentro del género de la novela negra que nos proporciona algunos momentos verdaderamente sórdidos (SPOILER-- la venganza ojo por ojo contra su violador, por ejemplo --FIN SPOILER) y que ofrece un marcado contraste al lado de Mikael Blomkvist, un personaje mucho más convencional.

Por tanto, tenemos una extraña pareja (un periodista acostumbrado a destapar la corrupción de ricos empresarios y una experta informática de conducta inestable) que unen fuerzas en busca de la verdad, aunque los motivos que les hagan embarcarse en la investigación sean bien distintos.

Estos serían los atributos más destacables de una historia de desarrollo ciertamente rutinario pero que en su traslación a la gran pantalla se muestra eficazmente ensamblada y narrada gracias tanto a la labor del guionista (no olvidemos que la escritura corresponde a Steven Zaillian, que pese a algunos tropiezos ha parido guiones como el de “La lista de Schindler”, “American Gangster” o “Gangs of New York”) como a la de su director, un David Fincher en su salsa.

Ya de los espectaculares créditos iniciales, que bien podrían pertenecer a una entrega del emblemático James Bond (por cierto, ¿para cuándo una película del agente 007 dirigida por este señor?) y que evidencian el pasado videoclipero de Fincher, marcan la diferencia (aunque sean una sobrada, molona, pero sobrada al fin y al cabo) y nos avisan de que no vamos asistir a un thriller del montón. Mención especial al tema musical que acompaña a dichos créditos, un “Immigration Song” de Led Zeppelin versionado para la ocasión por Trent Reznor y Atticus Ross, autores de la martilleante (y mayormente insufrible) banda sonora de la película (que pasa de tener temas bastante potables a otros que son un auténtico suplicio para cualquier oído con un mínimo de sentido del ritmo… y del buen gusto, si se me permite añadir).


Fincher maneja con mano férrea las dosis de intriga de una historia que en algunos aspectos resulta algo previsible (SPOILER-- Stellan Skarsgård tiene la palabra “culpable” tatuada en la frente desde su primera aparición -- FIN SPOILER).

El seguimiento de la investigación criminal es muy minucioso a la par que sobrio, sin alardes pirotécnicos ni golpes de efecto metidos con calzador (que suele ser lo típico en este género). La estructuración del guión es sólida, tanto en su inicio, cuando la historia se bifurca en dos vías narrativas que, por separado, nos impregnan de la esencia de los dos personajes protagonistas (Mikael por un lado y Lisbeth por el otro) como cuando los caminos de ambos se encuentran para dar comienzo al nudo de la trama. El problema, no obstante, lo encontraríamos en el tramo final, donde la historia se alarga más de la cuenta con “dos desenlaces” claramente diferenciados: uno de ellos es el que atañe al caso Harriet, que debería haber sido el punto final de la película, sea esto más o menos fiel a la novela (cosa que ignoro); y el otro el que cierra el asunto legal de Mikael con la acusación por difamación, y que en caso de no suprimirse, sí debió sintetizarse mejor para no alargar un metraje que ya de por sí resulta bastante excesivo. Y es que por mucho Fincher que esté detrás de la cámara, casi 160 minutos son demasiados minutos para una película de estas características (aunque en conjunto, es una cinta mucho más llevadera que “Zodiac”, y el ritmo prácticamente no sufre de altibajos).

De todos modos, estamos ante un thriller bien armado que tiene lo fundamental para contentar al espectador: drama, intriga, asesinatos, sexo, corrupción, secretos familiares, una heroína de armas tomar, buenas interpretaciones (2011 ha sido el año de Christopher Plummer e imagino que Rooney Mara convencerá hasta los más escépticos), diálogos certeros, momentos perturbadores, etc. Un Fincher que demuestra que un trabajo por encargo, y más aún un remake, puede ser de calidad.

P.D.: Esta adaptación americana supone el inicio de una nueva trilogía que bien podría seguir a los mandos de Fincher, siempre y cuando el público responda en taquilla y asegure el futuro de las secuelas, cosa que aún está por ver.




Valoración personal:


viernes 6 de enero de 2012

“Sherlock Holmes: Juego de sombras” (2011) - Guy Ritchie

“Sherlock Holmes: Juego de Sombras” (2011) - Guy Ritchie
Justo cuando su carrera parecía estar en dique seco, Guy Ritchie resucitó de sus cenizas cual Ave Fénix primero con “Rocknrolla”, una película de mafiosos en la línea de sus primeros y más famosos trabajos, y luego con “Sherlock Holmes”, reinvención del magistral personaje literario creado Arthur Conan Doyle. Fue esta última precisamente la que le puso en el redil de Hollywood, consiguiendo que su nombre se vinculara a jugosos proyectos como “Sgt. Rock” o una nueva versión de Excalibur, ambas bajo el amparo de Warner Bros.

Pero la taquilla es la que manda, y la primera entrega de este “reinventado” Sherlock Holmes fue todo un éxito (en parte por el trabajo de los guionistas al adaptar el cómic de Lionel Wigram y en parte por la perfectamente identificable labor de Ritchie tras las cámaras), por lo que había que aprovechar la idea y la disponibilidad del solicitado Robert Downey Jr. (otra pieza clave) para lanzarse a la piscina con una inmediata secuela.

Así es como dos años después llega a nuestras carteleras “Sherlock Holmes: Juego de Sombras”, entrega en la que nuestro famoso detective tendrá que enfrentarse a un enemigo a la altura de su brillante intelecto, el profesor Moriarty.

Una serie de crímenes y atentados bomba están golpeando al mundo, y el astuto Sherlock Holmes tiene la certeza de que detrás de todo se encuentra el profesor Moriarty, una gran mente criminal.

Holmes volverá a contar con la inestimable ayuda de su buen amigo el Dr. James Watson para tratar de descubrir el plan que está orquestando su enemigo y tratar de detenerlo antes de que sea demasiado tarde.

No hay duda que pese a las permisibles licencias (la base literaria y los atributos del personaje siguen ahí, aunque algunos se obcequen en negarlo), este remozado Sherlock Holmes caló hondo entre los espectadores. Parte del mérito fue también gracias al buen hacer del carismático Robert Downey Jr. en la piel del famoso detective.

Por ello, y porque la película sigue llevando su nombre por título, Sherlock Holmes vuelve a ser la gran estrella de la función. Y si ya en la anterior entrega nos encontramos con un Holmes más desenfadado y peleón de lo habitual, aquí su personaje alcanza altas cotas de virtuosismo y excentricismo, amén de acentuarse aún más –y con un tono marcadamente paródico- su afán por los disfraces durante el transcurso de sus investigaciones.

El humor sigue siendo uno de los puntos fuertes, y una muestra de ello se aplica de maravilla a la ya de por sí estupenda comicidad entre Downey Jr. y Jude Law, la pareja protagonista.


Ahora tenemos a un Watson a punto de pasar por la vicaría y completamente desligado de los casos que ocupan el tiempo de Holmes. Aún así, y por mucho que discutan mientras están juntos y por mucho que el buen doctor se queje del incorregible comportamiento de su amigo, ambos forman un gran equipo y se necesitan mutuamente en lo bueno y en lo malo. Juntos se complementan y juntos es la única manera en la que pueden vencer a su despiadado enemigo.

Moriarty ha sido siempre el archienemigo de Holmes en los relatos de Doyle, por lo que su aparición resultaba indispensable, más cuando en la primera entrega su personaje se encontraba urdiendo maldades en la sombra. En aquella nos sugirieron su presencia y aquí directamente nos lo presentan como el gran villano capaz de ir un paso por delante del gran detective londinense.

El profesor Moriarty es un hombre culto y muy astuto, pero además posee una capacidad innata para el mal y una absoluta falta de escrúpulos que lo convierten en un rival de mucho cuidado.

La investigación en torno a sus maquiavélicos planes se torna aún más peligrosa cuando la vida de Watson y su inminente esposa corre peligro, y cuando entra en juego el personaje de Madam Simza, la pitonisa gitana encarnada por Noomi Rapace.

Para la actriz sueca, conocida por su papel de Lisbeth Salander en la saga Millemiun, éste supone su trampolín hacia la meca de Hollywood, y si bien su actuación es correcta, lo cierto es que su personaje queda bastante desaprovechado, tal como ocurre con todas las féminas de la saga. Madam Simza tiene agallas y se defiende bastante bien en el arte de la lucha, pero luce poco como secundaria. Lo mismo le ocurre a la esposa de Watson, que aunque en el desenlace juegue un papel importante, su presencia sigue limitándose a cuatro escenas contadas (y todos los que hemos visto a Kelly Reilly en “Eden Lake” sabemos que puede dar mucho más de sí). Y luego tenemos a una efímera Rachel McAdams nuevamente en el papel de Irina Adler, esa pícara ladronzuela capaz de traer de cabeza a Holmes y con la que se podría haber explotado un romance con buena química. Desgraciadamente, lo suyo es un visto y no visto que de algún modo sirve para mostrar el lado más humano SPOILER-- y trágico -- FIN SPOILER de Holmes. A título personal SPOILER-- me dolió sobremanera que su muerte sirviera para mostrar otras capas interiores del personaje protagonista. Aunque ya se sabe que en una saga ningún personaje muere definitivamente… -- FIN SPOILER.


Es de suponer que los guionistas no han querido que nadie se interponga en el protagonismo de Holmes y Watson, y menos entre el duelo del primero contra Moriarty (atención al gran guiño literario en el desenlace de su enfrentamiento final). Son estos tres personajes los que llevan el peso de la historia. Una historia que quizás esté por debajo de sus posibilidades teniendo en cuenta el villano que tenían entre manos y la inclusión del hermano de Holmes, Mycroft, en manos de un simpático Stephen Fry haciendo de Stephen Fry y que en personalidad poco se parece al Mycroft descrito por Doyle.

La primera “Sherlock Holmes” nos la vendieron como una película de acción de época, y resultó contener más misterio y suspense del que uno pudiera esperar. Y ese fue, precisamente, uno de sus logros. En esta ocasión, sin embargo, la intriga es más bien simplona (y fácilmente deducible), y aunque Holmes siga haciendo gala de mucho ingenio y astucia, sus hallazgos no sorprenden tanto y nos cuesta ver en él al brillante detective al que tantas veces Scotland Yard ha requerido para resolver misteriosos asesinatos. Es como si por protagonista tuviéramos a un brillante matemático, y las matemáticas que nos mostrase el guión fueran de primero de secundaria.

Una trama más trabajada en ese aspecto hubiera dado mucho más juego entre el duelo Holmes vs Moriarty. De todos modos, y teniendo en cuenta lo que nos proponen (cierto acercamiento al por qué de las guerras y, por ende, a la Gran Guerra que tiene lugar un par de décadas después de los hechos que aquí transcurren) y que ambos actores están perfectos en su rol (después de ver a Jared Harris no creo que nadie eche de menos al rumoreado Brad Pitt), las posibles carencias del guión apenas hacen mella y quedan compensadas por las dosis de buen entretenimiento que nos ofrece la película dirigida por Ritchie.

El director británico despliega nuevamente su arsenal de artificios visuales y recursos videocliperos para lograr secuencias de acción mucho más espectaculares y grandilocuentes, convirtiendo esta segunda parte en una superficial pero francamente efectiva película de acción. A menos intriga, más pirotecnia, pero en conjunto, la fórmula se repite y, qué demonios, vuelve a funcionar.

Excelente pareja protagonista con un Downey Jr. en su salsa, buen villano, historia entretenida, generosas dosis de acción y humor, gran ambientación y redonda banda sonora a cargo de Hans Zimmer, que tras la experimentación que nos brindó en su predecesora aprovecha ahora la espectacularidad de la función para ofrecer una partitura más poderosa y épica, y con unos toques zíngaros que casan de lujo con algunos segmentos de la película. Claro que lo más sorprenderte es encontrarse en la banda sonora la inclusión (a modo de impagable guiño) de un tema ajeno (de los varios que hay) como el de Ennio Morricone correspondiente a “Dos mulas y una mujer”.

En conclusión, una de esas pocas afortunadas que puedan presumir de ser la excepción al popular dicho de “segundas partes nunca fueron buenas”. Ojalá pudiéramos decir esto más a menudo.



Valoración personal:

viernes 30 de diciembre de 2011

Amazing Movies Awards 2011

Amazing Movies Awards 2011


A falta de muy pocas horas para que termine el 2011 y empiece el 2012, es el momento en el que muchas webs y blogs de cine hacen balance publicando sus listas de lo mejor y peor del año. Hay listas de todo tipo, desde las que escogen las mejores y peores películas del año hasta las que seleccionan lo mejor y peor en materia de promoción, es decir, en tráilers y pósters.

Sobra decir que todas estas listas están sujetas a valoraciones absolutamente subjetivas, por lo que no necesariamente hay que tomárselas como una referencia fidedigna de lo que han dado de sí estos (casi) 365 días. Obviamente, cada uno tiene su propia opinión, y esa es la que verdaderamente cuenta, por lo que habrá listas con las que se difiera más y otras con las que se difiera menos. No obstante, a veces resultan bastante útiles para profundizar un poco más en los gustos de quienes las elaboran.

Un servidor acostumbra a realizar este tipo de lista en su otro blog, pero este año he decidido importar la idea también a Amazing Movies, si bien he intentado confeccionar una lista que difiera un poco de las que se suelen encontrar en la red (aunque tampoco sea el colmo de la originalidad). De entrada, la especialización del blog en cine de género (fantástico, ciencia-ficción, terror, acción y aventura) me obliga a centrar mi selección en ese tipo de películas, por lo que se van a echar en falta otras propuestas que pertenecen a géneros como la comedia o el drama (véase “The Artist” o “Un dios salvaje”, que me parecen dos de las mejores películas del año).

Dicho esto, aquí es dejo mi particular selección de lo mejor de 2011 en distintas y variadas categorías. Podéis coincidir y discrepar todo lo que queráis, y si se os ocurre alguna categoría que pudiera ser oportuno incluirla, no dudéis en decírmelo para que la tenga en cuenta para el próximo año.

Mejor Héroe y/o Heroina

Ex aequo: Capitán América / Steve Rogers & Conductor

Uno, de buen corazón y nobles valores; el otro, un antihéroe con mucho estilo.







Babydoll

Una Emily Browning vestida de colegiala y en plan lolita, armada con una katana y matando dragones difícilmente encuentre rival en esta categoría. Si encima nos deleita con unos sensuales bailecitos, mejor que mejor.







Mejor Villano y/o Villana

César - Si el demente pervertido interpretado por Luís Tosar no es el mayor hijo de Satanás que ha dado el cine de este año, no sé cuál lo es. Un ser despreciable que no me gustaría tener ni como portero ni como vecino.

Madre Gothel - Malvada y egoísta como ella sola. Se aprovecha de la cándida inocencia de Rapunzel para mantenerse joven eternamente.




Mejor Personaje Animado

Ex aequo: El gato con botas / Rango

Personaje carismático que ha sabido desligarse de la maltrecha saga Shrek para triunfar en solitario.

Peculiar antihéroe que necesita fingir quién no es para terminar encontrándose a sí mismo.



Mejor Monstruo

De luminosas fauces, pelaje negro como el tizón y con muy malas pulgas, estos bichejos venidos del espacio exterior siembran el caos en un barrio londinense. Suerte que una banda de jóvenes pandilleros les planta cara en "Attack The Block".





Mejor Secuencia de Acción

Ex aequo: Asalto al tren en “A todo gas 5”, por su descarga de adrenalina; derribo del edificio en “Transformers 3: el lado oscuro de la luna”, por su espectacularidad; y escalada al rascacielos Burj Khalifa de “Misión Imposible: Protocolo fantasma”, por su ausencia de dobles y su reducido empleo de CGI.



Mejor Secuencia de Terror o Gore

La cosa atacando a su siguiente víctima en “The Thing” (2011). Repitiendo/copiando la fórmula que su predecesora, pero con respeto y dignidad.







Mejor Pelea


Ex aequo: “Drive” por la sacudida en el ascensor; “A todos gas 5” por el cara a cara Diesel vs Johnson e “Immortals” por ver a los Dioses hacer pedazos a los Titanes.



Mejor Debut como Director

Joe Cornish por “Attack The Block”, por recordarnos a la mejor serie B gamberra de los 80 sin necesidad de homenajear ni beber de nadie (aprende, J.J. Abrams)











Mejor Secuela, Precuela o Remake

Sin lugar a dudas, la sorpresa del año en lo que a cine comercial se refiere, aunando pirotecnia con una buena historia.







Mejor Película Basada en un Cómic

Ex aequo: “X-Men: Primera generación”, una sólida película de superhéroes con dos buenos personajes/actores al frente. Si todas las películas de este subgénero fueran así, otro gallo cantaría.

Capitán América” un muy entretenido pulp de aventuras y, probablemente, la mejor película de superhéroes de Marvel.


Mejores Títulos de Crédito

Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio” por sus créditos iniciales y “Capitán América” por sus créditos finales. Una gozada visual que podéis ver aquí y aquí.




Mejores Efectos Especiales


El origen del planeta de los simios

Sin ser perfectos, son capaces de transmitirnos los sentimientos de un simio al que da vida magistralmente Andy Serkis.








Mejor B.S.O.

Aunque probablemente sea una de las peores comedias/parodias de la historia (y, de lejos, la peor comedia del año), su épica banda sonora a cargo de Steve Jablonsky (uno de los alumnos aventajados de Hans Zimmer) merece ser recordada aparte.








Mejor Canción No Original


Ex aequo: Kavinsky & Lovefoxxx – Nightcall / College - A Real Hero (feat. Electric Youth) / The Heavy - Short Change Hero

Las dos primeras pertenecientes al soundtrack de “Drive” y la última al de “Sed de venganza (Faster)” (curiosamente ambas películas con un protagonista conductor de coches). Imposible decidirse por una de ellas. Para escuchar una y otra vez en el reproductor que tengas más a mano.


Mejor Póster

Ex aequo: Las tres primeras se han estrenado ya y las otras dos restantes lo harán en 2012.


















Mejor Trailer

Ex Aequo: No hay duda que los trailers de las dos primeras eran mucho mejores que las propias películas. De las otras tres restantes que se estrenarán en 2012, se espera mucho de Prometheus y El Hobbit.












Mejor Película de Animación

Ex aequo:

Con “Enredados”, Disney le dio una vuelta de tuerca a los cuentos de princesas y recuperó la magia de antaño.

Con "Arthur Christmas", Aardman y Sony consiguieron un clásico navideño instantáneo.


Mención Especial

The Raid - Si no la mejor, una de las mejores películas exhibidas este año en el Festival de Cine Fantástico de Sitges. Brutal película de acción y artes marciales que por el momento no ha llegado a nuestras carteleras (y no sabemos si lo hará).

















sábado 24 de diciembre de 2011

Felices Fiestas a todos!!

Amazing Movies Felices Fiestas
Éste año me acompaña el bueno de Gizmo (que, como podéis ver, se ha vestido para la ocasión) para ayudarme a felicitaros estas fechas, así que sin más dilación:




Que tengáis una buena Navidad!!

jueves 22 de diciembre de 2011

“Immortals” (2011) - Tarsem Singh

Crítica Immortals 2011 Tarsem Singh
Cuando en Hollywood les da por una temática, no hay quién les ponga freno. Y desde hace algunos años, parece que la Antigua Grecia y sus mitos se han puesto de moda para ser llevados a la gran pantalla con toda la espectacularidad que requieren sus historias y la que permiten las nuevas tecnologías.

Una de las primeras apuestas que llegaron a nuestras pantallas fue “Troya”, basada en la Ilíada de Homero y que contaba con 175 millones de presupuesto y un reparto repleto de caras conocidas. Tres años más tarde se estrenaría la visualmente rompedora “300” de Zack Snyder, que adaptaba un cómic de Frank Miller inspirado en la famosa batalla de las Termópilas (480 a. C.). Y finalmente el año pasado tuvimos dos películas que centraron sus esfuerzos en el mito de Perseo: “Percy Jackson y el ladrón del rayo”, basada en una serie de novelas juveniles, y “Furia de Titanes”, remake del filme homónimo de los ochenta.

Precisamente mientras teníamos a ésta última en cartelera, se estaba gestando ya la película que nos ocupa, “Immortals” (antes conocida como Dawn of War y posteriormente War of the gods).

Eones después de que los Dioses vencieran a los Titanes, un nuevo y maléfico peligro se cierne sobre la Tierra. Enloquecido por el poder y la sed de venganza, el rey Hiperión (Mickey Rourke) declara la guerra a los hombres. Después de reunir a un ejército sediento de sangre, Hiperión quema Grecia a su paso mientras busca un arma de poder inimaginable, el legendario arco Epiro, hecho por Ares en el Olimpo. Con dicho arco, Hiperión pretende liberar a los titanes, que llevan encerrados detrás de los muros del monte Tártaro desde el principio de los tiempos y claman por vengarse.

Si el rey lograra su propósito, significaría el fin de la raza humana y la aniquilación de los dioses. Pero la ley prohíbe a estos últimos entrometerse en los conflictos de los hombres, por lo que no pueden interferir para detener a Hiperión. Su única esperanza reside en un campesino llamado Teseo (Henry Cavill), un hombre fuerte y valiente capaz de liderar a los griegos en su lucha contra las hordas del malvado rey.

Lo último del director de espantosa “La Celda” y la aborrecible (aunque visualmente cautivadora) “The Fall” se adentra en la mitología griega a partir de la Titanomaquia o Guerra de los Titanes, un seguido de batallas que, durante diez años, enfrentaron a los doce Dioses del Olimpo contra sus predecesores los Titanes. En esta guerra anterior a la existencia de la humanidad, los dioses vencieron y encarcelaron a los enemigos supervivientes en el monte Tártaro.

Este es el punto de partida que sirve a los guionistas para desarrollar una historia que en poco o nada se parece a las hazañas del Teseo de los poemas de la Grecia clásica.
Asumido esto, y que la esquemática trama es una mera excusa para desplegar una orgía de sanguinaria violencia, no queda más remedio que dejarse llevar por este espectáculo tan claramente deudor de los espartanos de Zack Snyder (del mismo modo que lo es la serie de televisión “Spartacus: sangre y arena”).

Y es que es evidente que “Immortals” bebe claramente de “300” en muchos aspectos; entre ellos está el de la escenografía, pues se emplea con generosidad el uso de la pantalla verde para ahorrar en decorados y poder recrearse en la concepción de los vistosos y a veces imposibles escenarios. De ahí que al igual que aquella, todo resulte tan descaradamente artificial pese al elevado grado de perfeccionismo de Singh y de su equipo de efectos digitales. Es un precio (no muy alto) que hay que pagar si se opta por rodar de este modo, algo que sin duda es preferible hacer cuando se cuenta con un presupuesto medianamente holgado, pues de lo contrario puede salir algo tan cochambroso como “Crónicas mutantes”, aquél aborto directo a Dvd que protagonizó Thomas Jane.


Otros aspectos que nos recuerdan a la cinta de Snyder son sus musculados/fibrosos protagonistas masculinos que exhiben sus endurecidas abdominales con orgullo (bien porque con el torso desnudo se lucha mejor, bien porque sus ropajes ya de por sí carecen de tela y/o cuero suficiente para cubrirles como es debido), y el uso de la cámara lenta (y sus consiguientes ralentíes) especialmente para las encarnizadas batallas. Esto último, la cámara lenta, ya era propio de Singh, así que no se puede decir que haya copiado nada, sino más bien que el estudio acertó de pleno encargándole a él la dirección de algo que tenían muy claro cómo debía ser.

Pero dejando de lado las inevitables -y casi siempre odiosas- comparaciones, y reconociéndole a “Immortals” algo más de guión del que disponía “300” (la trama de una podría resumirse en cuatro líneas, dos más que la de la otra), es innegable que como producto de entretenimiento es de muy fácil digestión dada la simpleza de una historia que ofrece el ya clásico enfrentamiento entre el bueno muy bueno y el malo muy malo. Son prácticamente dos horas que se pasan en suspiro, que ya es algo.

Evidentemente, su mayor baza (o la única) son sus espectaculares escenas de lucha, en donde hombres y dioses blanden y cruzan sus espadas contra el enemigo, asestando duros golpes, hundiendo su acero en el estómago de quiénes quieren verles muertos, cercenando alguna extremidad al alcance de sus afiladas armas o esparciendo sesos por el suelo. Una marea de brutalidad que a su paso no deja más que cadáveres y charcos de sangre, y con la que el espectador ávido de “pornográfica” violencia disfrutará de lo lindo. Y todo ello aderezado con una estruendosa y épica banda sonora a cargo de Trevor Morris (Los pilares de la Tierra, Los Tudor).

Lo historia aquí no es más que una mera comparsa del despliegue visual preciosista, presuntuoso y en ocasiones hortera (esos cascos imposibles dignos de un desfile de moda kitsch y/o fetichista que lucen los Dioses o el propio Hiperión) de un Tarsem Singh más desatado que nunca. Y aunque sus libertades frente al Teseo clásico sean incontables, lo cierto es que aprovecha de la fuente original algún que otro segmento para reconstruirlo y reinterpretarlo a su manera, como bien puede observarse en el enfrentamiento que protagonizan Teseo y la “Bestia” (uno de los mastodónticos caudillos de Hiperión) en un laberíntico camposanto, y que claramente emula al mito de “Teseo y el Minotauro”.


Lo de endosarnos un impostado romance (con escena de sexo incluida) entre Freda, la visionaria sacerdotisa interpretada por la guapísima Freida Pinto, y Teseo, ya no queda tan bien insertado, pero se lo perdonamos porque en lo que resta de metraje la presencia de la muchacha es meramente anecdótica, y su escarceo amoroso/sexual (SPOILER-- o el resultado del mismo --FIN SPOILER) únicamente adquiere significado en el desenlace.

De lo esperpéntico de algunas caracterizaciones mejor no hacer más sangre, pero lo cierto es que estos dioses no tienen la presencia que se les presume a unas deidades, ni Zeus (un Luke Evans que sube de categoría tras interpretar –muy fugazmente- a Apolo en “Furia de Titanes”) goza de la impronta de alguien que gobierna el Olimpo. La trupe del Dios del Trueno, que reúne a dioses y semidioses -y hermanos e hijos- por igual (Atenea, Poseidón, Heracles…) se me antoja muy juvenil, y el conjunto de Titanes resulta demasiado homogéneo e impersonal (un grupito –al parecer interminable- de tipos sucios y medio desnudos)

Por ello, quién acaba infundiendo mayor respeto y temor es Hiperión, un simple mortal y un villano estremecedor en la piel de Rourke.

Por su parte, el héroe protagonista lo interpreta un convincente Henry Cavill, lo que nos permite hacernos una idea de lo que nos deparará su encarnación del superhéroe por antonomasia en la futura “Man of the Steel”, el Superman de Zack Snyder (bajo la batuta de Christopher Nolan) que promete hacernos olvidar (si no lo hemos hecho ya) el fallido intento de Bryan Singer.

Con todo, el ampuloso y beligerante festín que ofrece “Immortals” sólo complacerá (en mayor o menor medida) si se rebajan las exigencias y se entra desde un principio en el juego que nos propone.

Volviendo a las comparaciones, resulta menos divertida y emocionante que “300” (Leónidas era mucho Leónidas), pero igual de entretenida y hueca. Visto lo visto en los tráilers y dirigiendo quién dirige, podría haber salido algo peor (y difícilmente algo mejor).

P.D.: ¿Nadie más se acuerda del arquero de “Dragones y Mazmorras” (la serie de dibujos ochentera) al ver en acción el legendario arco Epiro?




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