viernes, 17 de abril de 2015

“La oveja Shaun: La película” (2015) - Richard Starzak, Mark Burton


Curtidos primero en la pequeña pantalla  con cortometrajes y series de animación y, posteriormente, dando el salto al cine con joyitas como “Chicken Run: Evasión en la granja” o “Wallace & Gromit - La maldición de las verduras”, los estudios Aardman se han convertido por derecho propio en los reyes de la animación con plastilina (o clay-motion). Y aunque también han hecho sus pinitos con la animación por ordenador (no me cansaré nunca de recomendar y reivindicar la estupenda “Arthur Christmas”), lo cierto es que lo suyo es el stop-motion, un terreno que dominan a la perfección.

Prueba de ello es uno de sus últimos éxitos para televisión: “La oveja Shaun “, personaje surgido a raíz de un corto de Wallace y Gromit, y que poco a poco ha ido ganando popularidad.  La suficiente como para que ahora el estudio haga debutar a su famosa ovejita a lo grande con un largometraje de estreno en cines que lleva a nuestra protagonista de aventuras por la gran ciudad.

Shaun es una oveja muy lista y algo traviesa que vive con sus compañeras de rebaño en la granja de Mossy Bottom, al cuidado del Granjero y de Bitzer, su leal perro pastor.

Los días pasan sin novedades, hasta que un buen día, Shaun, harta de la monotonía  en la granja, decide urdir un ingenioso plan para conseguir tener un día libre.
Desafortunadamente, los acontecimientos no tardan en írsele de las manos y adquirir proporciones incontrolables…


Analizada fríamente, podríamos tildar a  “La oveja Shaun: La película” de ser un capítulo alargado de su homónima televisa. Y en cierto modo, no nos faltaría razón. Pero sería un error considerar eso como algo negativo, ya que en este caso el factor “mayor metraje” no es un atributo tomado a la ligera por sus responsables.

La trama urdida por Richard Starzak y Mark Burton es ejemplarmente dinámica. No existe sensación de “estiramiento” ya que todo funciona con la precisión de un reloj suizo, amén de ajustarse los minutos a una duración adecuada a las circunstancias (apenas alcanza la hora y media).  Esto nos permite disfrutar de la diversión al nivel de un capítulo pero durante mucho más tiempo, sin que eso signifique alargar el chiste más de lo necesario.  


El slapstick como una de las piezas fundamentales del engranaje humorístico, junto a los ingeniosos gags tan puramente british o las simpáticas referencias cinéfilas (brillante la llegada de Shaun al centro de Control de Animales) hacen de “Shaun the Shaun” otra muestra del talento imaginativo de Aardman, consiguiendo que los neófitos enseguida le cojamos cariño a Shaun y su trupe de ovejas descarriadas, a Bitzer e incluso a puntuales secundarios como Slip, el perrito huérfano (aunque más bien parezca una rata gigante) que ayuda a nuestros amigos a moverse por la gran ciudad.

Por supuesto,  toda gran aventura necesita a su villano, y ese papel  recae en un implacable trabajador/recolector del Control de Animales, quién perseguirá sin descanso a la huidiza Shaun y al resto de animales.

Aventuras y desventuras en la gran ciudad a un ritmo ágil y con una calidad de producción impecable. No hay más que fijarse en los detalles de los personajes, objetos y distintos elementos que aparecen en pantalla, lo conseguido del aspecto y las texturas en el acabado de los mismos, etc. Un trabajo minucioso al que hay que añadir el siempre laborioso proceso de filmación fotograma a fotograma que precisa la animación en stop-motion. Sólo por eso ya vale la pena acercarse al cine más cercano a ver “La oveja Shaun: La película”.



Valoración personal:

jueves, 2 de abril de 2015

Fast & Furious 7 (A todo gas 7)



Siete son los días de la semana; siete son los colores del arcoíris; siete son los pecados capitales, y siete son las entregas que lleva ya una saga que parecía muerta tras su mediocre tercera parte, pero que logró resucitar de sus cenizas a partir de la cuarta. Siete entregas en las que valores como la familia y la camadería han ido echando raíces y calando hondo entre la pandilla protagonista dentro y fuera de la pantalla. De ahí que este capítulo, dispuesto una vez más a proporcionarnos un par de horas (y algo más) de loca y adrenalítica diversión, se contemple con cierta pesadumbre. Y es que el inesperado fallecimiento de Paul Walker, uno de los pilares de la saga, ha supuesto un duro golpe tanto para sus allegados (entre ellos su estimado compañero de reparto, Vin Diesel) como para los fans del joven actor. 

Su trágica desaparición obligó a los productores a suspender el rodaje de la presente película, retomándose éste meses más tarde con la colaboración de los dos hermanos del actor, Brian y Caleb, quienes se prestaron a reemplazarle para finalizar la participación de su personaje en la cinta. De este modo, con ayuda del retoque digital y con el material ya rodado por el propio Walker (la mayor parte de sus escenas, visto lo visto), “Fast & Furious 7” ha podido llegar finalmente a nuestras pantallas. Y lo hace bajo los mandos de James Wan, que sustituye a Justin Lin  (director de las cuatro anteriores entregas) en la silla de director.

Ni qué decir que Wan, especializado hasta el momento en el género de terror, ha sabido adherirse sin dificultades al espíritu de la saga, elaborando un producto continuista con respecto a sus predecesoras. Y lo es tanto en términos de acción, rodando secuencias automovilísticas, en ocasiones, absurdamente espectaculares; como en términos argumentales, continuando la historia allí dónde la dejó el final de la sexta entrega (ver escena postcréditos de la misma).

Y es que en esta ocasión tenemos a Deckard Shaw (Jason Statham), hermano de Owen (el malo malísimo –interpretado por Luke Evans- en “Fast & Furious 6”), dando caza a nuestros amigos en busca de venganza. Porque la familia es sagrada,  tanto para unos como para otros. Y si no que se lo digan a Bryan Mills/Liam Nesson. 

Si la incorporación y posterior asentamiento de Dwayne Johnson a la franquicia ha supuesto un acertado plus de cara a la testosterona varonil imperante, la elección de Statham no puede tacharse de otro modo también que de acierto total. Y eso pese a que el guión vaya dando tumbos un tanto extraños en lo concerniente a su personaje.


La verdad es que la trama podría haber seguido la simple pauta vengativa de su premisa inicial propone, pero la cosa se complica un poco más y de forma un tanto rocambolesca metiendo a terceros (los personajes de un –bienvenido, eso sí- Kurt Russell, o el de Djimon Hounsou como “villano Nº2”) en un entramado que, a fin de cuentas, funciona como mero macguffin para 1) llevar a los personajes de turismo por distintas ciudades, potenciando el exotismo de sus localizaciones, y 2) propiciar el escenario idóneo en el que permitirse añadir elementos armamentísticos (camiones con ametralladores por todos lados, drones implacables cargados con misiles…) potenciadores de la cota pirotécnica pertinente y que, con cada secuela, parece destinada a ser rebasada. 
Todo ello estirando la trama más allá de lo estrictamente necesario y postergando el duelo Statham vs Diesel (nutrido a lo largo del metraje, no obstante, con semi-duelos no consumados) hasta la traca final (una desenlace de órdago repleto de explosiones y efectos digitales). Y es que más de 130 minutos son quizás demasiados minutos para una película algo reiterativa en algunos puntos (Statham apareciendo de la nada cada vez que Dom y cía. se encuentran en plena faena) y que, quitando de aquí y de allá, hubiera quedado mucho más redonda y menos recargada.

Pero a pesar de estos detalles, de menor importancia para una cinta de estas características, lo cierto es que el entretenimiento está garantizado. La acción es, sin lugar a dudas, la que lleva la voz cantante y la que hará las delicias de los entusiastas de la adrenalina, con grandilocuentes set-pieces tan extremas y espectaculares como absurdamente descabelladas. Y es que aquí la palabra “imposible” no existe, y si ya en la sexta veíamos a Vin Diesel “volar” (recordemos la delirante secuencia en la autopista de Tenerife), ahora es un coche el que “sale disparado” de rascacielos en rascacielos. Y nuestros protagonistas sin despeinarse, oye (Diesel menos todavía, por razones obvias).

Si Stallone y sus muchachos son los “expendables”, a Dom y su trupe habría que llamarles “los indestructibles”, porque no hay nada que acabe con ellos. Ya pueden saltar de un coche en marcha a más de 200 km por hora, volar por los aires y aterrizar en el techo de un automóvil varios pisos más abajo o lanzarse cuesta abajo por un precipicio, que saldrán vivitos y coleando de la hazaña (no sin algún ligero rasguño, por supuesto).


Personalmente, encuentro lo exagerado de la acción un tanto contraproducente para mi gozo particular, aunque no puedo negar que resulta difícil no dejarse llevar por su rebosante locura y por su tono, en cierto modo, autoparódico (la apertura del filme es toda una declaración de intenciones). Y es que a veces lo insano tiene su encanto. Cierto es también que la saga ha ido creciendo en ese aspecto, evolucionando y retroalimentándose a sí misma con el paso de las entregas. El macarrismo inicial sigue presente, pero sazonado (o acertadamente desvirtuado) de la acción al más puro estilo ochentero-noventero (fantasmadas, chascarrillos, frases lapidarias…). 
Aunque Wan recupere parte de la “esencia poligonera” de aquellas, como puedan ser los primeros planos de lujuriosos traseros femeninos a ritmo de reggeaton (el apartado musical sigue siendo infame desde el filme original) y del montaje videoclipero más atroz ; o las secuencias automovilísticas repletas de acelerones y derrapes para entusiastas de la velocidad, la verdad es que la franquicia ha transmutado en un singular híbrido entre Fast & Furious, El Equipo A o Los mercenarios, y “xXx”, la otra película de acción destacable de Vin Diesel (Riddick aparte). Desde hace varios capítulos que Diesel y cía han ampliado el radio de acción más allá de las cuatro ruedas. Los tiroteos, los brutos enfrentamientos cuerpo a cuerpo, etc. forman parte ya de su sello personal, y no sólo los hombres dan caña sino también las féminas demuestran que pueden repartir leña tan duramente como el que más. 

A esto hay que sumarle atributos más, digamos, profundos, como el amor (la relación entre Dom y Letty), la amistad o la familia. Aspectos que, junto a lo ya mencionado, hacen de esta “renovada” saga un inevitable placer culpable (¿o no tan culpable?).

Así que amigos, pasen, vean y disfruten sin complejos de este, por el momento, último episodio de la saga. Una entrega que, además, sirve de sincero homenaje y emotiva despedida a ese simpático chico rubio de ojos azules llamado Paul Walker. Un triste adiós que han sabido llevar de forma bastante respetuosa. DEP.



P.D.1: A título personal, me sigo quedando con la quinta entrega. Me parece la más equilibrada de todas. Y la espectacular persecución final con la caja fuerte a cuestas es una delicatesen  insuperable.


P.D.2: ¿Hacia dónde irá la saga ahora? Por el momento, tenemos asegurada una octava entrega (con planes de llegar hasta la décima), y parece que la presencia de Kurt Russell en ésta séptima ha sido una introducción de su personaje de cara a la próxima. ¿Dom y cía trabajando para una agencia gubernamental?


Valoración personal:

viernes, 27 de febrero de 2015

Ex_Machina (2014) – Alex Garland



Novelista, guionista y ahora, director de cine. Así de polifacético es Alex Garland, autor cuyo nombre empezó a sonarnos el día que Danny Boyle llevó al cine su primera novela: The Beach (aka La playa). Precisamente junto a su compatriota empezó Garland a hacer sus pinitos en el cine, escribiendo primero el guión para “28 semanas después” (estupenda secuela de la notable “28 días después”) y, posteriormente, el de “Sunshine” (una odisea espacial que podría haber sido mucho mejor de no ser por su lastimoso tercer acto). 

Entre medias de esas dos películas, Garland llegó a involucrarse en otro importante proyecto que, sin embargo, no llegó a materializarse nunca. Estoy hablando de la adaptación a la gran pantalla del videojuego “Halo”, para la que Garland escribió un primer borrador cuando ésta iba a ser producida por Peter Jackson  y dirigida por un, por aquél entonces, debutante Neill Blomkamp.

Sin abandonar el que parece ser su género predilecto, Garland prosiguió sus andanzas como guionista de Hollywood escribiendo los libretos de “Nunca me abandones” y “Dredd”, el reboot/readaptación del popular -y violento- cómic creado por John Wagner y Carlos Ezquerra.

Después de escribir para otros, Garland ha decidido probar suerte en la dirección marcándose un Juan Palomo, esto es, rodando un guión propio. Y según venían contándonos desde el otro lado del charco, su estreno como cineasta parecía haberse saldado con buena nota. Y, a título personal, así lo corroboro.

El joven Caleb (Domhnall Gleeson) acude a una aislada mansión propiedad de un multimillonario programador con el fin de someterse a un extraño experimento: poner a prueba una inteligencia artificial instalada dentro de un robot con aspecto humano. O para ser más exactos, con el aspecto de una atractiva mujer. Pronto, el experimento se convertirá en una tensa batalla psicológica entre los dos hombres y el robot, poniendo nuevamente de relieve las vicisitudes entre el hombre y la máquina.

Ex Machina nos acerca de nuevo a la recurrente -dentro del género- temática de la inteligencia artificial. Y lo hace con una historia cuya mayor baza y principal sustento son las interacciones entre sus tres personajes principales (cuatro si contamos a Kyoko, una silenciosa asistente a la postre convertida en juguete sexual por su amo): Nathan (Oscar Isaac), el opulento y ególatra fundador de Blue Book, una empresa de tecnología punta; Caleb (Gleeson), un joven e ingenuo empleado de la misma elegido para sus propósitos; y Ava (Alicia Vikander), un robot humanoide con aspecto de mujer.

Los tres forman un triángulo viciado y corroído por los intereses propios y egoístas de cada uno de ellos, algo a lo que contribuye el frío y voyerista entorno en el que se desarrollan los acontecimientos: una lujosa mansión aislada a cientos de kilómetros de cualquier atisbo de civilización y convertida en un laboratorio con punteras medidas de seguridad. Para nada una acogedora morada en la que residir durante una semana. Y es que ese el tiempo que debe permanecer Caleb en dicho lugar. 


En un primer momento, el joven desconoce cuál es el propósito de su presencia allí, pero pronto Nathan le descubre el objeto del experimento que juntos han de llevar a cabo. Y este no es otro que realizar el Test de Turing a Ava, la última y adelantada creación de este adinerado genio de la informática. ¿Y qué es el Test de Turing? Pues una prueba  propuesta por  el matemático Alan Turing para demostrar la existencia de inteligencia en una máquina. Test en el que se inspiró Philip K. Dick para su ficticio test Voight-Kampff en “¿Sueñan  los androides con ovejas eléctricas” y al que pudimos ver sometido el replicante encarnado por Brion James al comienzo de “Blade Runner”.

En este caso, Nathan desea establecer los límites de su creación; conocer, a través de la experiencia y observaciones de Caleb, cuán real y humana puede llegar a ser o aparentar Ava. Para ello, se observan y estudian las reacciones y las respuestas del robot a las distintas cuestiones que Caleb le plantea durante sus sesiones/charlas. 

Pero poco a poco Caleb se sorprenderá a sí mismo albergando sentimientos hacia su “objeto de estudio”; sentimientos que van más allá, probablemente, de la mera empatía. Al mismo tiempo, el ambiente se irá enrareciendo entre Caleb y Nathan, convirtiendo su inicialmente amigable convivencia en una tensa y desafiante relación jefe-empleado. 

Instigado por Ava, Caleb empezará a sentirse incómodo con Nathan, albergando sospechas acerca de sus verdaderas intenciones para con él y el experimento. Recelos que le llevarán incluso a dudar de sí mismo (en uno de esos momentos cumbre de la película en el que Garland juguetea con una idea que a más de uno le habrá asaltado a la mente durante buen aparte del metraje). Una desconfianza que devendrá en algo mutuo entre los dos hombres y que irá creciendo con el paso de los días hasta alcanzar terribles consecuencias.


“Ex Machina” se erige así en un sórdido thriller psicológico acerca de la condición humana, haciendo especial énfasis en los miedos e inseguridades que provoca en nosotros la tecnología. ¿Pueden las máquinas llegar a comportarse como humanos? Si es así, ¿podríamos convivir con ellas o se convertirían en la especie dominante?  ¿Qué nos depara el futuro si la ciencia sigue avanzando y logramos crear inteligencia artificial a ese nivel? Por ahora sólo podemos elucubrar sobre estas cuestiones dejando volar nuestra imaginación en la ficción con en propuestas como la que nos ofrece Garland.

Teniendo en cuenta que las máquinas son creación del hombre, no es extraño que éstas sean un reflejo de nuestras virtudes y nuestros defectos. Sin embargo, ¿es posible introducir “alma” en una máquina? Existen particularidades inherentes en el ser humano que nos cuesta siquiera poder imaginar atribuidas a una máquina. Distintas emociones y sentimientos que poseemos y que, para bien o para mal, nos definen como especie y, a la vez, nos distinguen de otros seres vivos del planeta. ¿Podría una máquina alcanzar ese estatus de “humanización” suficiente para superar un Test de Turing?

Garland intenta respondernos a ello adentrándose en los confines de la psique humana y de lo que significa ser conscientes de nosotros mismos; de que somos seres pensantes (y a veces, hasta inteligentes). Y sin embargo, y pese a como se desarrollan los acontecimientos en la película, no podemos evitar posicionarnos del lado de Ava; a simpatizar con la robot por encima de nuestros congéneres. En cierto modo, “Ex Machina” se siente como una especie de moderna y tecnológica versión del Frankenstein de Shelley, sólo que en esta ocasión el “monstruo” adquiere los bellos rasgos de una atractiva androide. 

La resolución final al conflicto que plantea el guión es satisfactoria, si bien el modo de llegar hasta ella no lo es tanto, y es que hacia el tercio final es cuando las cosas se salen de madre y a Garland se le va la historia un poco de las manos (como ya le ocurriera en la citada “Sunshine”).  Una salida de tono (innecesariamente efectista) en el último acto que a punto está de arruinar lo que sin duda es, en conjunto, una muy estimable cinta de ciencia-ficción. Una película sobria que se apoya sobre todo en su contundente y reflexivo guión, y en unos personajes suficientemente bien definidos como para llevar todo el peso de la historia sin alardes de ningún otro tipo. Y es que aquí los efectos especiales son un simple y efectivo apoyo a la credibilidad del relato.



Valoración personal:

martes, 9 de diciembre de 2014

7º Aniversario de Amazing Movies



Un año más aquí me encuentro celebrando otro aniversario. Y ya van siete… Siete años dando el callo en la blogosfera, que no es poco. Siete años que han dado para muchas críticas y un buen puñado de artículos.

Como siempre, quisiera daros las gracias a todos los que os habéis tomado la molestia de invertir unos minutos leyéndome y, sobre todo, a los que seguís haciéndolo pese al reducido ritmo de actualizaciones que el blog ha sufrido durante estos dos últimos años. Y es que el trabajo no da tregua, y apenas deja tiempo (y energías) para dedicarse a ello.

Lo cierto es que no son pocas las veces que me he planteado echar el cierre, pero supongo que todavía necesito tener mi rinconcito cinéfilo; ese espacio en la red (aparte de Twitter) en el que verter mi pasión por el cine a través de mis escritos. Por ese motivo Amazing Movies seguirá adelante, vivito y coleando, durante una temporada más. Aunque sea publicando, como mínimo, un post al mes. Mejor eso que nada.

En esta nueva temporada es muy posible que las críticas de estrenos pasen a un segundo plano, dando prioridad a artículos como los que he venido escribiendo últimamente. Artículos como “Artistas de cine: Elmaravilloso arte del cartel ilustrado (de Saul Bass a Paul Shipper)”, “Devoradoresde cadáveres, del libro a la gran pantalla” o el más reciente “Santa Mira, yotras cinco ciudades de California que jamás han existido”. Es con este tipo de textos con los que actualmente más disfruto escribiendo, a sabiendas de que me lleva más tiempo y esfuerzo elaborarlos, y de que no suponen -en vista del la falta de comentarios que generan- un reclamo tan atractivo como la crítica de una película que esté en cartelera.

Así que espero que los que todavía frecuentáis Amazing Movies me acompañéis un año más en esta aventura. Porque sin vosotros, esto no tendría razón de ser.



Saludos!

domingo, 30 de noviembre de 2014

Santa Mira, y otras cinco ciudades de California que jamás han existido



Es algo habitual que en el cine, como en la literatura o el cómic, tanto escritores como guionistas sitúen sus historias en emplazamientos ficticios, es decir, lugares que no existen en el mundo real. Estos ambientes bien pueden ser pueblos, ciudades, islas o incluso países enteros. Por no hablar de la basta cantidad de planetas y galaxias inexistentes que pueblan la literatura y el cine de ciencia-ficción.

Estos lugares sirven a menudo a sus autores para aludir a otros que sí son reales, sirviéndose de ello para poder retratar una comunidad y sus habitantes sin tener que citarlos de forma directa. Esta elusión puede deberse tanto a razones políticas como sociales o de otra índole. También puede tratarse simplemente de una cuestión de comodidad, pudiendo el autor recrearse en su imaginación, tomando (o no) elementos de la realidad que le permitan ambientar el escenario ideal para su relato.

Sea por el motivo que sea, lo cierto es que se trata de una práctica muy común, y en este artículo veremos cómo el cine está trufado de ejemplos.

California es, curiosamente, el emplazamiento habitual de muchas de las ciudades ficticias que veremos a continuación. Quizás el motivo radique en que es ahí donde se encuentra Hollywood, el distrito más famoso de Los Ángeles, o que es uno de los estados que mejor representa el estilo de vida americano. O bien pudieran ser otras razones que un servidor no alcanza a descifrar. En cualquier caso, ahí es donde se ubica Santa Mira, una de las ciudades más frecuentes en la ficción.

Seguramente Santa Mira no sea la primera ciudad que os ha venido a la mente al empezar a leer el artículo, pero es, con toda probabilidad, la que sin saberlo más veces habréis visitado. Y es que se trata de una ciudad bastante recurrente, no sólo en el cine. Ahí es donde tuvo lugar la silenciosa invasión alienígena de “La invasión de los ladrones de cuerpos”, la primera adaptación cinematográfica de la novela de Jack Finney. 

Santa Mira volvería a aparecer, muy distinta a como la conocimos en el film de Siegel, 25 años después en “Halloween III. El día de la bruja”, la tercera y libérrima entrega de la saga de Michael Myers (esta vez sin el popular psychokiller). A dicha ciudad se trasladaban los protagonistas con el fin de investigar un misterioso asesinato relacionado con “Silver Shamrock Novelties”, una fábrica de máscaras para Halloween. También en “Memorias de un hombre invisible” volveríamos a encontrarnos con otra Santa Mira. Y así en otras tantas películas para televisión, series y novelas. Por supuesto, nunca se trata de la misma ciudad, pues cada autor la adapta a su gusto.


 Más conocidas serán para el lector ciudades como Woodsboro, Sunnydale o Hill Valley. Todas ellas pertenecientes, en un momento u otro, al estado de California.

Woodsboro es la ciudad en la que transcurren las películas de la saga Scream. El Condado de Sonoma aportó las localizaciones reales para el rodaje, utilizándose el instituto Sonoma Community Center para simular el de Woodsboro High. Curiosamente, estaba previsto que para su filmación se empleara como escenario la escuela Santa Rosa High School, pero el consejo escolar se negó en rotundo después de leer el guión de Craven.

Sunnydale, conocida también por ser “la boca del infierno”, es la ciudad en la que transcurre la serie “Buffy, cazavampiros”. Su alcalde y fundador, Richard Wilkins, fue uno de los demonios a los que Buffy tuvo que derrotar. Whedon concibió Sunnydale como una clara parodia a los pueblos “en los que nunca ocurre nada” tan típicos de las películas de terror americanas. Lo cierto es que para ser una “ciudad pequeña”, Sunnydale daba cobijo a unos 40.000 habitantes, y disponía de diversos colegios, una universidad, numerosos cementerios, un zoológico, un museo, cuatro parques (Weatherly Park, Glebe Park, Radcliff Park y Nelson Park), una estación de tren, otra de autobuses y hasta un pequeño aeropuerto. Por tener, tenía hasta una base militar.


 Hill Valley, por su parte, es el hogar de Marty McFly en la trilogía de “Regreso al futuro”. Podemos contemplar su evolución a lo largo de los años mediante los viajes en el tiempo que realiza McFly con el DeLorean/máquina del tiempo de Emmett Brown (Doc, para los amigos). Por tanto, vemos cómo luce la ciudad en el presente (1985) y en el pasado (1955) en el transcurso de la primera entrega; en el presente y en el futuro (2015) en la segunda; y en un pasado lejano (1885) en la tercera. Debido a estos cambios constantes en el escenario, los productores desecharon la idea de rodar en localizaciones reales (la elegida iba a ser Petaluma, California) y optaron por construir la ciudad en los estudios de Universal. A excepción de la tercera entrega, que fue rodada en Sonora, donde pudieron alquilar unas tierras a condición de que una vez finalizado el rodaje dejaran allí los edificios construidos, a modo de reclamo turístico.


 Otra ciudad ficticia de California a destacar sería Toontown (o Toon Town), hogar de los “dibus”, los dibujos animados de “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”. A excepción de los humanos y de los objetos relacionados con su mundo, todo en Toontown está representado en forma animada o de caricatura (los edificios, el mobiliario urbano, los vehículos, sus antropomorfos habitantes…). En semejante lugar, las leyes de la física no responden a la realidad que conocemos.  Tanto un dibu como un humano podrían, por ejemplo, sobrevivir a una caída desde una gran altura; si bien el primero tendría más posibilidades de acabar en la morgue que el segundo.


A Toontown se accede a  través de un túnel situado a las afueras de Los Ángeles, una especie de portal que conecta el mundo real con una dimensión alternativa conocida como "Tooniverse".  

Y por último nos queda San Angeles, que ha sido el escenario distópico de películas como “Demolition Man” o “Doble Dragón”, si bien su primera aparición iba a producirse una década antes, con “Blade Runner”. Finalmente, en la cinta de Ridley Scott acabaría figurando una Los Ángeles alternativa.

Tanto la San Angeles de “Doble Dragón” (año 2007) como la de “Demolition Man” (año 2032) son fruto de un catastrófico terremoto, algo que no es de extrañar teniendo en cuenta que la verdadera ciudad de Los Ángeles se ubica en el conocido como Cinturón de Fuego del Pacífico, una región de intensa y muy inestable actividad sísmica.

En la primera “Doble Dragón”, dicho terremoto da lugar a una megalópolis fruto de la fusión de Los Ángeles y San Diego, estando la mitad de la ciudad sumergida bajo el agua. En el film de Stallone, en cambio, el terremoto destruye Los Ángeles de 2010 dando lugar a una ciudad que se extiende desde San Diego a Santa Bárbara.

Existen otras ciudades ficticias en California, como Angel Grove de los Power Rangers, o Charming de la (soberbia) serie de televisión “Sons of Anarchy”. 

Por supuesto, éste no es el único estado en el que los guionistas ubican sus urbes. Hay otros que compiten también por ser los más propensos a cobijar lugares de ficción, como por ejemplo Pensilvania, Massachusetts, Kansas o Maine, éste último habitual en las novelas de Stephen King (ahí se erigen los pueblos de Jerusalem's Lot, Derry o el más recurrente Castle Rock). Pero California es, sin duda, el estado de los EE.UU. con más ciudades inventadas, algunas de las cuales seguramente nos hubiera gustado poder visitar.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Sitges 2014 - Día 9 (Último día): Ex-novias en plena descomposición y soldados atrapados en territorio enemigo


El presente post es el último dedicado al Festival de Sitges de 2014. El décimo día, centrado en la proyección de maratones, fue el de regreso a casa, por lo que no hubo oportunidad de visionar más películas. Estas son, pues, las últimas reseñas que quedaban pendientes. Todavía habría que añadir las dos películas (Wayrmwood y Goal of the Dead) vistas durante la Maratón Zombie de ese mismo día, pero dado que la falta de sueño me tuvo medio adormecido durante toda la proyección, he preferido obviar sus críticas. Aunque aún gozando de plenas facultades durante su visionado dudo que mi opinión al respecto difiriese de la que actualmente me merecen. Y es que ambas me parecieron bastante prescindibles.


Buryed th Ex

No cabe duda que Joe Dante ha sido uno de los cineastas clave del cine fantástico de los 80. El director, que comenzó su carrera como editor -y posteriormente director- bajo la tutela de Roger Corman, nos ha entregado joyitas tan míticas de aquella maravillosa década como “Gremlins”, “Aullidos” o “El chip prodigioso”, por citar algunas de sus más populares cintas. Es por ese motivo que Dante merece toda nuestra admiración y nuestro respeto.

Pero las cosas como son. Desde su última –y apreciable – película a finales de los noventa, “Pequeños Guerreros”, Dante no ha dado pie con bola. Amén de sus trabajos para la pequeña pantalla (episodios para serie como “Gritos en la noche” o “Masters of Horror”), lo cierto es que sus labor cinematográfica evidencia un enorme empobrecimiento de sus virtudes como cineasta. El declive ya se percibía en la secuela de los “Looney Tones”, y posteriormente lo han confirmado “The Hole” (Miedos 3D) y la presente “Buryed th Ex”.

Y es una lástima sobre todo en el caso de estas dos últimas, pues son dos películas que parten de unas premisas bastante prometedoras, pero a las que no se ha sabido sacar provecho.

Nunca es fácil romper con tu pareja, pero aún es más difícil si se ha convertido ¡en un zombie! Esto es el problemón que se le ha venido encima a nuestro protagonista.

El día en el que Max (Anton Yelchin) decide romper con su novia, Evelyn (Ashley Greene), ésta sufre un fatal accidente y muere. Pese a la desgracia, Max intenta rehacer su vida con la encantadora Olivia, una chica con la que tiene mucho común. Por desgracia para ambos, Evelyn vuelve a la vida como una no-muerta para estar con Max, por lo que ésta no tendrá más remedio que anunciarle su deseo de romper la relación. Pero hacerlo resultará mucho más complicado de lo que hubiera sido hacerlo mientras estaba viva.  Y es que una mujer despechada no es nada comparado con ¡una mujer zombie despechada!  

“Buryed th Ex” intenta ser una comedia de terror pero se queda a media gas en todo. Aunque el joven reparto se esfuerza en ello (inclusive la habitualmente insulsa Ashley Green), el humor del que hace gala es bastante descafeinado, y esos aires a telefilme no le sientan nada bien a una producción que, aún con su limitado presupuesto, debería lucir mucho mejor teniendo a quién tiene detrás de las cámaras. Y es que la dirección de Dante no destaca en lo más mínimo, ni hay rastro de su característico gamberrismo.





Monsters: Dark Continent

Dada las buenas críticas y su buen rendimiento en  taquilla (en proporción a su paupérrimo presupuesto), no era de extrañar que una película como “Monsters” acabara teniendo una secuela. Ha tardado más de lo que estaba previsto, pero pasados cuatro años ve por fin la luz “Monsters: Dark Continent”. Y lo hace siguiendo la misma pauta que su predecesora: tratar la invasión extraterrestre como un elemento secundario en la historia.

La película del debutante Tom Green nos ubica siete años después de los acontecimientos narrados en el anterior film. Las zonas infectadas se han extendido por todo el mundo y los humanos, desplazados de la parte alta de la cadena alimenticia, sobreviven como pueden en pequeños núcleos. En este contexto, un grupo de soldados norteamericanos son enviados en una misión de búsqueda de un soldado norteamericano caído en una zona infectada. Pero cuando la unidad de Noah, un veterano soldado, es asaltada y prácticamente aniquilada, él y un joven cadete sin experiencia deberán luchar por sobrevivir al acoso de un enemigo mucho peor que los alienígenas a los que combaten diariamente.


Ante todo, se agradece que esta segunda parte no se limite a repetir el esquema narrativo de la entrega original, y que sí nos proporcione un escenario nuevo y unos personajes diametralmente opuestos a los que conocimos en aquella. Sin embargo, esta secuela tiene exactamente los mismos problemas que su antecesora: intenta tocar tantos géneros a la vez que termina fracasando en ello. 

Ya “Monsters” me pareció una cinta fallida que no lograba encontrar el punto de equilibrio entre la road movie romántico-dramática y la monster-movie de terror/ciencia-ficción. Y aquí, de no ser por la puntual presencia de los dichosos alienígenas, parecería que estuviésemos, dado los elementos que maneja, ante un drama bélico sobre la Guerra de Irak. Y aunque conceptualmente la idea no está mal concebida, lo cierto es que pronto se viene todo abajo debido a unos personajes por los que uno no logra sentir la más mínima empatía, y a las ínfulas de un director que persigue desesperadamente un lirismo visual a base de alargados y repetitivos planos detalle. Aunque en un primer momento pueda resulta interesante, lo cierto es que “Monsters: Dark Continent” no tarda en convertirse en un film soporífero hasta la extenuación, algo a lo que contribuye no sólo su farragoso desarrollo sino también sus eternas dos horas de duración.