sábado, 3 de julio de 2010

“Toy Story” (1995) – John Lasseter

crítica Toy Story 1995 John Lasseter
Pixar Animation Studios es una californiana compañía de animación por ordenador fundada en 1986 y especializada en la producción de gráficos en 3D, algo que muchos ya sabrán. Lo que quizás no sepan es que empezó bajo el primerizo nombre de The Graphics Group siendo una división de Lucasfilm, la productora de George Lucas, por lo que trabajaron estrechamente en muchas de sus películas (en “El secreto de la pirámide”, sin ir más lejos)

Luego se desvincularon de Lucas y se convirtieron en una compañía independiente de hardware gráfico, siendo Walt Disney Pictures uno de sus máximos compradores.

A lo largo de la década de los ochenta, Pixar realizó varios cortos animados, usando y perfeccionando su propia tecnología digital, hasta que a mediados de los 90 les llegó la oportunidad de debutar en el largometraje gracias a un acuerdo con Disney.

Así es como vino al mundo “Toy Story”, la primera película de animación hecha enteramente por ordenador de la historia del cine. Semejante revolución se tradujo en un éxito de crítica y público, consiguiendo además varias nominaciones a los Oscars y los Globos de Oro en categorías como Mejor Guión Original, Mejor Canción Original o Mejor Película “comedia o musical”.

La historia se centra en un grupo juguetes y sus aventuras por seguir siendo el entretenimiento favorito de Andy, un niño de 6 años. La llegada del cumpleaños del pequeño es siempre un motivo de temor, ya que podría significar que alguno de los juguetes se viera reemplazado por otro mejor y más nuevo. Pero Woody, un vaquero que ha sido hasta ahora el muñeco favorito de Andy, trata siempre de tranquilizar al resto del grupo. Sin embargo, en este último cumpleaños, uno de los regalos de Andy es Buzz Lightyear, un héroe espacial dotado de todo tipo de avances tecnológicos. Ante el nuevo recién llegado, Woody se verá relegado a un segundo plano, y su constante rivalidad terminará empujándoles a una peligrosa situación en medio de la ciudad, sin saber cómo volver a casa, por lo que tendrán que limar asperezas y unir sus fuerzas. Sólo juntos podrán salir sanos y salvos de esta aventura y volver al lado de su estimado dueño.

John Lasseter, miembro fundador de Pixar y uno de los máximos responsables –guión y dirección- de varios de sus cortometrajes, fue el encargado de dirigir y co-escribir “Toy Story”, la película que no sólo supuso toda una revolución técnica para el cine de animación sino también un soplo de aire fresco al género gracias a su original premisa, a su humor inteligente y a su capacidad para contentar al mismo nivel tanto a peques como a mayores.

La historia de unos juguetes que “compiten” por el cariño de un niño y por el, llamémosle, aprecio y liderazgo del resto del grupo, se convirtió en uno de los mayores éxito de taquilla de aquel ya lejano 1995.

La película contaba con un buen puñado de alicientes. Entre ellos, y el más evidente, una animación por ordenador como nunca antes se había visto. Si a esto se le sumaba una historia divertida y trepidante, llena de imaginación, guiños cinéfilos y personajes simpáticos y entrañables, la cosa no podía fallar.


Toy Story arrastró algunas de las constantes del cine de animación de Disney, pero sorteando esos tópicos con mucha soltura. Por un lado, esos buenos sentimientos (aquí amistad y compañerismo en contra de la envidia, la crueldad y los prejuicios) que toda cinta suele transmitir a los más pequeños de la casa, y que Lasseter y compañía abordaron con mucho estilo y humor, procurando no empalagar ni aleccionar a la fuerza al espectador.

Por el otro lado, estaban las canciones, introducidas aquí no en forma de números musicales sino como breve acompañamiento a las imágenes, proyectando y recalcando mediante la letra de las mismas los sentimientos de los personajes, variando el tono según la situación (canciones más animadas para los momentos más alegres, y más lentas para aquellos momentos más emotivos o incluso tristones)

Randy Newman sería el máximo responsable del apartado musical de la película, convirtiéndose posteriormente en uno de los compositores habituales de Disney-Pixar, y en el creador principal de la banda sonora de toda la saga de Woody y cía.


Una de las mayores bazas del film es, sin lugar a dudas, su humor. Divertidos diálogos y situaciones hilarantes -muchas a cargo de Mr. Potato- que se ganan al espectador desde el primer momento. Las características de los juguetes y el mundo “de gigantes” en el que viven da mucho juego (además de la inocente ignorancia del propio Buzz Lightyear), pero a la diversión contribuye sobre todo unos personajes carismáticos y un ritmo trepidante que se intensifica sobre todo en el emocionante tramo final.

Pero no hay héroes sin villanos, y el cruel vecino de Andy, todo un experto maltratador de juguetes, aporta también su granito de arena a la trama. Y es que sin él no habría apenas peligros que sortear, y la rivalidad entre Woody y Buzz no se vería forzada a convertirse en una súbita amistad.

A día de hoy, la animación digital ha mejorado y evolucionado notablemente, y la propia Pixar ha ido perfeccionando su trabajo no sólo en calidad de historias y guiones sino también técnicamente. Puede que por ese motivo los personajes humanos -o el perro del vecino- de esta cinta nos parezcan algo menos conseguidos que el resto, pero en líneas generales, esta primera Toy Story ha soportado muy bien el paso del tiempo y visualmente sigue siendo tan disfrutable como el primer día.

Los gags más slapstick, ideales para contentar a los más peques, se mezclan con guiños y referencias más sutiles que sólo los mayores o más experimentados podrían reconocer, lo que hace de Toy Story un entretenimiento perfecto para toda la familia. Apenas hora y veinte minutos de sana y satisfactoria diversión, y una frase que ya ha pasado a la historia del cine: “Hasta el infinito y más allá”



Valoración personal:

9 comentarios:

Ramón dijo...

Estupenda reseña sobre la primera gran película de PIXAR. Estoy de acuerdo en todo.
Poco podiamos imaginar en aquel lejano 1995 que ésta casa de genios nos seguiría regalando Joyas del Cine.

Saludos !!

Pliskeen (David Ribet) dijo...

La película que lo empezó todo. Desde entonces, han sido muchos los que se han apuntado al carro de la animación por ordenador, pero aún ninguno ha llegado al nivel de maestría que ofrece Pixar.

Larga vida a la compañía del flexo!

Saludos ;)

Chacal dijo...

Ya cuando la fuí a ver al cine pensé... "esto mola MUCHO". Quien me iba a decir al cabo de los años que esto era sólo el inicio de una fantástica época de animación digital (con sus más y sus menos, como todo en esta vida)

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Podría haber quedado en una mera anécdota o en una moda pasajera, pero al final cambió para siemrpe el rumbo del cine de animación.
Y es justo que aquellos que lanzaron el primer film de animación por ordenador, hayan sido siempre los mejores en este campo.

Pienso que cuantos más estudios se animen, mejor, ya que habrá más variedad y más donde escoger. Pero de momento la mayoría están lejos de lo que consigue Pixar.

Saludos ;)

Juanma dijo...

Me encanta, es una de las películas de mi infancia. La segunda no la he visto pero me quedo con ésta.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Juanma,
Te recomiendo la segunda parte, ya que diría que es incluso mejor que la primera. Lo cierto es que el listón estaba bastant alto, pero en Pixar siempre consiguen superarse.

Saludos ;)

Darkerr dijo...

Como escribio un critico de mi prensa local: que bueno que en estos tiempos de animacion digital exista una compañia como Pixar.

Selden dijo...

Una película que marcó un antes y un después sin duda alguna.
Le tengo mucho cariño por lo mucho que nos impactó a mi hermano y a mí.
Saludos!

sofia martínez dijo...

Qué linda historia, cual niña de 10 años la disfruté, mis pequeños la disfrutaron y estoy segura que millones también lo hicieron. Para mí ha sido inolvidable y maravillosa, creo que la espera valió la pena, no hay duda que Toy story 3 es una de las historias infantiles que marcó a chicos y grandes, una mezcla divertida con un poco de emotividad fueron la combinación perfecta para no sólo entretener al espectador sino también para cautivarlo. Gran, gran cinta no me cansaré de decirlo.