jueves, 25 de agosto de 2011

“Destino final 5” (2011) - Steven Quale

critica Destino final 5 2011 Steven Quale
No deja de ser curioso que lo que empezó siendo un guión descartado para un capítulo de “Expediente X” haya terminado convirtiéndose una de las sagas de terror más rentables de los últimos años. La película que lo empezó todo fue “Destino final”, una especie de slasher en el que el asesino era la mismísima Muerte, la cual ni tan siquiera aparecía físicamente en pantalla (aunque se llegó a plantear) sino que se sugería su presencia mediante una sombra o una leve brisa. En su momento, la cinta del debutante James Wong (El único, Dragonball Evolution) supuso un soplo de aire fresco dentro de un género, el de terror, en el que escaseaban las ideas originales. Por supuesto, semejante apuesta se tradujo en éxito taquillero, y con ella New Line Cinema encontró franquicia para rato.

Tres años más tarde se estrenaría la primera secuela, que aún siendo inferior a su predecesora, contaba con la que, aún a día de hoy, es la secuencia catastrófica más espectacular de la toda la saga (me refiero, claro está, al accidente en la autopista)

Luego Wong regresaría los mandos de la dirección para rodar una tercera entrega en la que el bajón de calidad se notaba aún más. Y es que la idea original ya olía a chamusquina, y aunque contaba con algún que otro apunte interesante (lo de las fotos premonitorias tenía su aquél), lo cierto es que todo resultaba demasiado paródico. Aún así, no se alejaba mucho de la anterior secuela y lograba hacerte pasar el rato (de hecho, creo que esa es una de las mayores virtudes de la saga, pese al sucesivo empeoramiento de la misma).

Pero entonces llegó una cuarta entrega de la mano del director de la segunda, David R. Ellis, y quedó constatado que la franquicia había ido de mal en peor. Personajes insulsos (cuando no, repelentes), muertes cada vez más absurdas, rocambolescas e imposibles (señores directores, la gente no explota cual globos de agua cuando algo les golpea, por muy fuerte que sea el golpe); y lo peor, la entrada en la moda del 3D, que además de encarecer el presupuesto, provocó que tuviera unos efectos especiales –vistos en 2D- realmente bochornosos. Por tanto, lo único rescatable eran sus originales créditos iniciales, que hacían un repaso a las muertes de los anteriores capítulos. Sin embargo, y pese al consenso general de que la cuarta era la peor de todas y de que la saga había tocado fondo, ésta última fue también la más taquillera (gracias, por supuesto, al añadido estereoscópico), y ese es el principal motivo por el cual es uno de los estrenos de este año.

Sam Lawton (Nicholas D'Agosto) se encuentra de viaje en autobús con sus amigos y compañeros de trabajo cuando de repente tiene una premonición sobre la destrucción del puente colgante que están a punto de cruzar. En la premonición, Sam vislumbra su propia muerte y la de otras personas que le acompañan. Cuando la visión está a punto de hacerse realidad, Sam se las arregla para salvarse a sí mismo y a algunos de sus compañeros de la catastrófica tragedia. Sin embargo, el joven pronto descubrirá que lo único que ha conseguido es retrasar lo inminente, ya que La Muerte estará al acecho para terminar con lo que había empezado.

A estas alturas, a nadie le va a sorprender el argumento, ya es que es lo mismo que ya se ha visto en las anteriores entregas (con guiños a éstas incluidos), y tampoco es que nadie vaya a esperarse otra cosa. Así pues, tenemos a un nuevo grupito de, en su mayoría, adolescentes que sufrirán la persistente persecución de La Muerte tras librarse de un accidente mortal. En este caso, dicho accidente transcurre en un puente colgante, y como era de esperar, es la parte más espectacular de la película (tanto la primera vez, dentro de la premonición del protagonista, como cuando sucede en la realidad y logran escaparse por los pelos). Y nuevamente, somos testigos de brutales muertes a consecuencia de empalamientos y aplastamientos (dos de las más recurrentes de la saga), entre otras variantes mortales.


Hay que apuntar que llegó a construirse una sección del puente para rodar dichas escenas, de modo que lo que vemos en pantalla es una mezcla de decorado y efectos digitales, los cuales son bastante correctos. Quizás cuando los objetos (vehículos, partes del puente, etc.) caen al agua el resultado esté mucho menos logrado, pero por lo demás, cumplen con su parte de pirotécnica… o por lo menos vistos en 3D, ya que éste suele “camuflar “ muy bien los defectos, así como a su vez provoca una inevitable bajada en la calidad de los mismos con tal de realzar el efecto volumen. Y es que este tipo de producciones están mucho menos cuidadas que esos grandes blockbusters en los que la diferencia de público asistente en salas 2D y 3D no es tan abismal (y no me refiero a la calidad del 3D en sí, si no a la dupla FX&3D). Además, el 3D en este caso es el habitual de este género y, por tanto, consiste más que nada en salpicar de sangre al espectador y acercarle o lanzarle al rostro objetos cuanto más punzantes, mejor. Dicho esto, los que disfruten de este tipo de trucos de feria, seguramente paguen a gusto esos euros de más que cuesta la entrada.

Pasado el tramo de apertura, vamos viendo quienes caen a manos de La Muerte y quiénes van librándose. Y para librarse de ella primero hay que entender lo que ocurre y, segundo, hay que comprender cómo procede La Muerte a la hora de eliminar a sus víctimas. En la primera película, el descubrimiento era parte de la deducción del protagonista y parte de la escueta información que le daba el misterioso enterrador encarnado por Tony Todd (más conocido como Candyman, el fantasma del espejo). Y muchos se alegrarán al saber que aquí se vuelve a rescatar a este personaje (que ya repitió en la segunda), por lo que los protas ya no tendrán que informarse sobre sucesos similares en el pasado para entender lo que les está sucediendo.


Otra novedad es que aquí el guionista Eric Heisserer (responsable del mediocre remake de “Pesadilla en Elm Street” y de la inminente precuela de “La Cosa”) se ha sacado una nueva regla de la chistera (basándose un poco en una norma citada en” Destino final 2”). Obviamente, no voy a desvelar en qué consiste esta regla para evadir a La Muerte, pero hay que reconocer que da bastante juego y se le saca partido sobre todo en el último tramo de la cinta. Probablemente ésta sea la mayor aportación de “Destino final 5” a la franquicia, además de su sorpresivo desenlace, el cuál le da un sentido especial y diferente a una secuela que, de algún modo, cierra un ciclo iniciado hace ya once años. Claro que eso no significa que este sea el punto y final, ya que si sigue funcionando en taquilla, el estudio no tardará mucho en convertirla en un punto y aparte para seguir exprimiendo lo que ya no da mucho más de sí.

Y es que con el paso de las entregas se ha pasado del terror con unas gotitas de humor negro a la (casi) comedia de terror con un alto grado autoparódico. La primera película de Wong era bastante más seria y, en cierto modo, aterradora, y las muertes estaban elaboradas dentro esa dualidad entre realismo y fantasía en la se movía la película. Es más, había una trama que se desvelaba poco a poco con su pertinente suspense, y había también unos personajes mínimamente interesantes con los que empatizar. Pero desde la segunda (y más acentuado en las siguientes), esto ha pasado a ser simplemente un festín de muertes gore y rocambolescas y personajes estúpidos a los que les deseamos la muerte nada más empezar. Por tanto, creo que la predisposición frente a la saga también ha cambiado y ya nadie espera encontrarse una buena película de terror sino un divertimento sangriento y desfasado. En ese sentido, esta Destino Final 5 cumpliría con esas exigencias, ya que no se libra de ofrecer muertes delirantes (dudo yo de la fragilidad de la ventana de un edificio por un simple tropiezo –que no empujón- o de la facilidad con la que un ojo se sale de la córnea; y eso por no hablar del extraño resultado de una caída un tanto aparatosa), así como también de personajes execrables como el jefe de la empresa o el empleado obsceno, que se lleva la palma como el personajes más ridículo e irritante de todos los que han ido apareciendo en las cinco películas.


Queda patente que sus responsables no se toman demasiado en serio la película. No hay más que ver el cachondo vídeo promocional (una suerte de “Salvados por la campana + Destino final” en clave de parodia musical) para darse cuenta de la guasa con la que les gusta resolver las muertes (cuanto más cazurras sean éstas, mejor). Y es que lo rebuscado de la ejecución (los tejemanejes que La Muerte se monta para coger desprevenidas a sus víctimas) sigue siendo más interesante que el resultado final, es decir, que la muerte en sí, por mucho 3D que nos metan. Y el debutante Steven Quale lo sabe y por ello intenta crear algo de tensión en esos breves instantes.

Lo extraño es que el propio Heisserer nos endiñe de por medio una empalagosa historia de amor entre la pareja protagonista, que más que darle profundidad a la trama lo que hace es estorbar de mala manera.

Con todo, es evidente que existe una mejoría respecto a la cuarta entrega. A la hora de “contar más de lo mismo”, esto se puede hacer bien o se puede hacer mal, y Quale (director de segunda unidad de James Cameron en películas como Avatar”) logra divertir al espectador a sabiendas de lo agotado que está su producto.

Si figura entre las películas recomendadas del 2011 es porque seguramente dejará satisfechos a los fans de la saga. Además, el tramo final hace que la cinta gane enteros, por lo que quizás sí sea la mejor secuela desde la original, aunque siga estando a años luz de aquella.

P.D.1: Miles Fisher, uno de os jóvenes protagonistas, es el mismo que parodiaba (a la perfección) a Tom Cruise en un sketch de “Superhero Movie”. De hecho, el actor es un cruce entre el militante de la cienciología y Christian Bale, y en el vídeo musical –que no en la película- demuestra nuevamente su vis cómica.

P.D.2: En los créditos iniciales se hace un repaso de algunos de los objetos que La Muerte ha empleado para aniquilar a sus víctimas, mientras que en los finales vemos directamente las escenas de muchas de esas muertes. Si no contamos las de ésta última, la cifra ronda el medio centenar.





Valoración personal:

13 comentarios:

Emilio Luna dijo...

La verdad es que no soy fan de esta franquicia aunque el primer episodio cómo cuentas, tiene su valor cómo entretenimiento. Que tiempos con Devon Sawa de protagonista.

No creo que vea ésta. Seguro que se buena taquilla hace.

Un abrazo David.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

La única buena es la primera. El resto... para una tarde tonta xD

A saber qué fue de Devon Sawa... Hizo la del Diablo metió la mano, la primera de esta saga (en la segunda lo dieron por muerto) y ya no se le volvió a ver el pelo.

Saludos ;)

Chacal (Oscar Ferrer) dijo...

Es un tipo de película que es lo que es, pero dentro de lo que es puede estar mejor o peor y esta mantiene los mínimos puntos de interés para ello.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

También podría estar mejor, pero al punto que ha llegado la saga, no creo que pensaran en esforzarse mucho más. Al menos no es peor que la cuarta y cumples esos mínimos que dices.

Saludos ;)

Machete dijo...

Por lo que comentas me lo voy a pasar teta. Cumple con lo que espero.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Mejor que la 4ª y la 3ª sí es. Y bueno, si esas te gustaron, pues ésta más. Si es que no, pues quizás te quite el mal sabor de boca de aquellas.

Saludos ;)

Machete dijo...

Me gustan todas. Y la cuarta disfruté mucho el 3D, la única, de momento, que salen los objetos de la pantalla.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Pues si te gustan todas, te gustará seguro. A mi el 3D me parece una chorrada descomunal, pero si lo disfrutaste en la cuarta, en ésta también porque es básicamente lo mismo.

Machete dijo...

Jajajaja que manía le tienes al 3D. Yo no soy fan, pero en algunas películas lo veo acertado. Claro que la industria se ha vuelto loca estrenandolo todo en este "formato".

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Como para no tenerle manía. Menudo estorbo...

;)

Machete dijo...

Jajajajaja....XD

Snake dijo...

El 3D habría impresionado con las películas de Russ Meyer (tipo MegaVixcens, Supervixens, etc) :DDDD

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Jajajaj hubiese sido digno de ver. Con esas películas sí que habría peligro de que te sacaran un ojo xD

;)