viernes, 10 de febrero de 2012

“El invitado” (2012) - Daniel Espinosa

Crítica El invitado 2012 Daniel Espinosa
Tras rodar un par de dramas sin mucha repercusión, el sueco (de origen chileno) Daniel Espinosa pegó el campanazo en 2010 gracias a un thriller criminal titulado “Snabba Cash”, o tal como nosotros lo conocimos, “Dinero fácil”. El filme en cuestión fue todo un éxito en su país natal, Suecia, y recibió un buen puñado de elogios durante el Festival de Cine de Berlín de aquél año, lo que motivó a los estudios yanquis a iniciar una dura pugna para agenciarse los derechos de distribución. The Weinstein Company fue la que se llevó el gato al agua, mientras que en otra batallita comercial Warner Bros. hizo lo propio para poder realizar el correspondiente remake americano (con Zac Efron como pretendido protagonista).

Mientras tanto, a Espinosa se le abrieron de par en par las puertas de Hollywood, y como viene siendo norma habitual en la “casa”, le encargaron un producto sin demasiadas complicaciones para ponerle a prueba y comprobar cómo se maneja con un presupuesto –presuntamente- más holgado y con una estrella de la lista A al frente. La carta de presentación resultante es: “Safe House” (o “El invitado”, como prefiráis; cualquiera de los dos es válido en este caso).

Tras diez años estando en paradero desconocido, el legendario traidor Tobin Frost (Denzel Washington), un altamente cualificado ex agente de la CIA, reaparece en Sudáfrica con una valiosa información bajo el brazo. Frost está dispuesto a vender dicha información al mejor postor, pero antes tiene que deshacerse de aquellos que quieren evitar que la venta tenga lugar.

Jugando su última carta para salvarse de una muerte segura, decide buscar protección en el Consulado Americano. De allí es trasladado a un piso franco para ser interrogado por agentes de la CIA. Tan pronto como empiezan las torturas para sonsacarle el motivo de su regreso, un grupo de mercenarios asalta el piso franco. El agente al cuidado del lugar, Matt Weston (Ryan Reynolds), es el único superviviente al ataque, por lo que decide huir con el recluso hacia el siguiente piso franco. La empresa que tiene Weston por delante será toda una prueba de fe: su prisionero no le pondrá las cosas fáciles y sus perseguidores, sean quienes sean, no descansarán hasta verles muertos.

Washington se embarca en otra película de acción (la cuarta en menos de cinco años) interpretando a un peligroso renegado que antaño fue uno de los mejores agentes encubiertos de la CIA. Tras una década estando ilocalizable, Tobin Frost vuelve a dar señales de vida para ganarse la jubilación anticipada a costa de una información que puede costarle la vida. El plan, sin embargo, no sale como era de esperar, y se encuentra huyendo de sus perseguidores al lado de Matt Weston, un agente novato que le ayuda a escapar para llevarle hasta un sitio seguro y entregarlo de nuevo a la CIA.

Este es el punto de partida para esta road movie con ecos a “16 calles” o “Asalto al distrito 13” (el remake) y cuya trama se basa en el ya clásico “ir del punto A al punto B” pero con un buen puñado de persecuciones, tiroteos y mamporros de por medio.

Lo más interesante de todo es el choque ético y moral que se establece entre la pareja protagonista. Por un lado tenemos a Frost, el veterano; por el otro a Weston, el novato; uno es un traidor que se ha dedica a vender secretos militares y el otro un joven idealista que aspira a conseguir un ascenso en la Agencia. En el momento en el que los caminos de ambos se cruzan, sus destinados quedan ligados a un único fin: hacer lo que es correcto.


El problema es que los intereses personales de cada uno entran en conflicto. Frost quiere lucrarse con la información que posee y Weston quiere demostrar que es un buen agente para abandonar su aburrido trabajo de “cuidador” de un piso franco.

Weston es un tipo leal a la Agencia y a su país, pero se encuentra una situación extrema en la que no sabe en quién confiar. Frost no es, precisamente, un ejemplo de conducta, pero salta a la vista que el asalto al piso franco no podría haber sido orquestado sin un chivatazo desde dentro, es decir, que hay un topo en la CIA.

Disponen de muy pocas horas para llegar al siguiente piso franco, así que Weston debe decidir pronto si sigue obedeciendo órdenes o si empieza a pensar por sí mismo. Decida lo que decida, su objetivo no deja de ser el mismo: entregar a Frost, cueste lo cueste.

Esta especie de unión a la fuerza y confrontación de ideales es lo más destacable de una trama que resulta bastante previsible. Sabemos cómo van a actuar los personajes, tanto el héroe de turno (Weston) como el antihéroe (Frost), y no hay intriga alguna por descubrir quién es topo porque se huele a kilómetros. Y sin embargo, eso no es óbice para que uno pase un par de horas de lo más entretenido.

Tenemos a un Washington como pez en el agua, y eso se nota. El actor está en su salsa en modo “soy el **** amo” interpretando a un tipo cínico, vacilón, cabreado con el mundo y sin ideales. Y Reynolds es capaz de ofrecerle una buena contra con su sufrido personaje, un Weston que las pasa canutas sorteando un obstáculo tras otro mientras ve peligrar su puesto de trabajo y su relación con su novia.


Además, a su alrededor se encuentra un elenco de secundarios de pata negra: Brendan Gleeson, Sam Shepard y Vera Farmiga (aunque ésta última en un papel bastante insustancial, todo sea dicho). Si hasta tenemos a Robert Patrick, que por muchas películas que haga, siempre será nuestro querido T-1000.

Espinosa, por su parte, ofrece el recital que se estipula en estos casos, otorgándole un ritmo frenético y enérgico a la historia y sabiendo desenvolverse con bastante oficio tanto en las escenas de acción como en los pertinentes momentos de respiro entre persecución y persecución. Lo mejor de todo es que prescinde de añadidos digitales, lo que otorga algo de autenticidad a dichas secuencias; lo peor es que no se despega del “estilo Greengrass” que han adoptado los directores de hoy día, por lo que la cámara sigue moviéndose más de la cuenta para gusto de un servidor. La acción no es demasiado fantasiosa y quizás por ello al final de la proyección no queda ninguna escena memorable para el recuerdo, pero los enfrentamientos cuerpo a cuerpo (otro legado de Bourne) son de los que duelen al espectador ajeno. Vamos, que no me extraña que Reynolds le dejara un ojo morado a Washington durante el rodaje…

El “El invitado” es un thriller de acción tan rutinario como efectivo y tan previsible como disfrutable. Podría haber aspirado a más en la parte de denuncia política, pero lo compensa con unos buenos personajes y ofreciendo un placentero entretenimiento por el que luego no sentirse culpable (para dejarse el cerebro en casa ya están otros).




Valoración personal:

4 comentarios:

PEPE CAHIERS dijo...

No sé, pero los arquetipos de los personajes me recuerdan a "Día de entrenamiento".

Pliskeen (David Ribet) dijo...

En cierto modo sí, aunque en aquella el personaje de Washington era un cabronazo y punto, y aquí tiene sus matices.

Saludos ;)

Machete dijo...

La definición de cada personaje, parece demasiado 'estándar'. Por otro lado he leído que ha pasado sin pena ni gloria en USA. Tengo la sensación de que es la película ideal para ver en casa y luego olvidar (aunque a mí me pasa con todas, maldita memoria de pez XD), ¿me equivoco?.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Es cine palomitero, no esperes nada que no huya de esos estándares habituales. Pero dentro de lo que cabe, me parece que están bien definidos, bien escritos y son creíbles dentro de la historia que se plantea. Tampoco vamos a pedirle peras al olmo.

En cuanto a la taquilla, de momento lleva sólo cuatro días en cartelera (tanto aquí como en USA), aunque tampoco creo que haga una pasta gansa. Esto en los 90 igual arrasaba, pero ahora el cine de acción palidece ante los superhéores. Sino mira la recaudación de pelis como Killer Elite, The Mechanic o Faster. Se comen los mocos.

Saludos ;)