sábado, 19 de mayo de 2012

Especial: Rodajes pasados por agua

Especial: Rodajes pasados por agua
En ocasiones, el rodaje de una película puede resultar toda una proeza para sus intérpretes cuando éstos, por exigencias mismas del guión, deben enfrentarse a condiciones adversas y/o de riesgo.  Cuando esto ocurre, han de mostrar una buena condición física y rodearse de las medidas de seguridad oportunas para poder llevar a cabo sus escenas sin que ello conlleve un peligro para su integridad física; escenas que por razones artísticas no puedan ser realizadas por el especialista o doble de acción de turno.

Este tipo de rodajes pueden sucederse en todo tipo producciones, si bien algunas de las más afines en presentar amplias dificultades (no sólo en alguna escena muy concreta sino a lo largo de todo o gran parte de su metraje) suelen ser las de carácter catastrófico, en donde el principal obstáculo del o de los protagonistas es el propio entorno que les rodea, el cuál puede convertirse en una auténtica odisea.

Cuando una película o parte de la acción de la misma transcurre con agua por todas partes, se dificulta mucho no sólo el trabajo de los actores y actrices sino también el del equipo técnico. No siempre es fácil moverse a través del agua, y puede resultar muy incómodo (y peligroso) ubicar un rodaje en semejantes condiciones, más si el reparto debe pasarse un buen rato actuando empapado de la cabeza a los pies, lo cual puede ser en verdadero engorro.

Ejemplos de ello seguramente existan muchos, pero en este artículo tan sólo he pretendido recoger aquellos que me han parecido más destacables. Por supuesto, no hace falta que diga que vosotros, los lectores, podéis hacer las aportaciones que consideréis oportunas a través de los comentarios, pues serán muy bienvenidas y servirán para ampliar este humilde listado.

Dicho esto, qué mejor que empezar este repasito con la que es, para un servidor, la madre de todas las películas “acuáticas”: Waterworld.

 Este filme postapocalíptico será recordado de por vida como uno de los mayores fracasos taquilleros del cine comercial estadounidense. En un marco futurista propicio para la acción más espectacular, con un Kevin Costner en el glorioso cénit de su carrera tras películas como “Bailando con lobos”, “J.F.K.: caso abierto” o “Wyatt Earp”, y coincidiendo de nuevo con el director de la exitosa “Robin Hood, príncipe de los ladrones”, “Waterworld” tenía todos los visos para triunfar y convertirse en la sensación del verano de aquél lejano 1995. Sin embargo, no triunfó como se esperaba, o al menos no lo suficiente para resultar rentable.  Y es que estamos hablando de una producción de 175 millones de dólares, una cifra bastante común entre los blockbusters de hoy día (que suelen situarse en una franja de entre los 100 y 200 millones),  pero que para mediados de los 90 era todo un récord y también una locura muy arriesgada. En realidad, la película tuvo una recaudación bastante estimable de 264 millones de dólares y que ya quisieran muchas coetáneas, pero en vista del desorbitado presupuesto, esa cantidad resultaba insuficiente (más si tenemos en cuenta la inversión adicional –unos 60 millones- en comercialización y distribución). Un caso muy parecido al de la reciente “John Carter” de Disney.


Gran parte de la filmación tuvo lugar en un recinto de agua de mar artificial situado en el Océano Pacífico frente a las costas de Hawaii, mientras que la secuencia final se rodó en Waipio Valley,  en la misma Hawaii. El equipo de producción contó con todo tipo de embarcaciones para desplazarse por el set, predominando sobre todo las motos de agua, el vehículo más usado por los especialistas y dobles de acción tanto dentro como fuera de la película. Curiosamente, el doble de Costner tuvo que ser rescatado por la guardia costera cuando se perdió en el mar, entre Maui y la isla de Hawaii, pasando horas a la deriva al quedarse su moto de agua sin combustible. Por su parte, Norman Howell, coordinador de especialistas, sufrió una embolia por el llamado “síndrome de descomprensión” (sucede cuando hay una disminución brusca de la presión atmosférica) mientras filmaba una escena bajo el agua. Howell fue trasladado de urgencia en helicóptero a un hospital de Honolulu dónde, por suerte, se recuperó del accidente y en cuestión de días pudo volver al tajo. 

El reparto tampoco se libró de los percances, y a la pobre Tina Majorino, la niña de 10 años que acompañaba a Costner en el papel de la pequeña Enola, le picaron medusas hasta en tres ocasiones. 

Debido a las diversas complicaciones y a los altos costes que supone rodar una película de estas características,  no es de extrañar que nadie se haya atrevido a repetir una hazaña de igual magnitud. Quizás de haber sido un éxito de taquilla ahora Hollywood se estaría planteando la idea de hacer un remake, pero al no ser así, dudo que volvamos a ver algo parecido en pantalla. Una lástima, pues un servidor siempre ha sido un defensor del filme de Reynolds, una superproducción de ciencia-ficción que, si bien podría haber dado más de sí, lo cierto es que ahora mismo se merienda, en calidad, a mucho del cine palomitero actual.
Dos años más tarde alguien volvería al recinto marítimo empleado por Reynolds para filmar otro ambicioso proyecto. Ese hombre sería James Cameron, quién se embarcó (y nunca mejor dicho) en la que a día de hoy es la segunda película más taquillera de la historia. Hablo de Titanic, drama catastrófico (y gran película) con historia de amor de por medio que recreaba el trágico hundimiento del RMS Titanic, un enorme y lujoso transatlántico que en 1912 naufragó durante su viaje inaugural -de Inglaterra a Nueva York- al chocar contra un iceberg.

Hubo una importante aportación digital a la hora de recrear el hundimiento del barco, minimizando así no sólo los costes escénicos sino también los riesgos. No obstante, para las secuencias interiores el equipo utilizó un tanque que podía inclinarse y que contenía la nada despreciable cantidad de 19 millones de litros de agua. Aunque hubo algún que otro accidente con las cascadas de agua que se vertían en los decorados, nadie resultó herido, si bien muchos miembros del elenco, entre ellos la propia Kate Winslet, terminaron sucumbiendo a resfriados, gripes o infecciones renales tras pasar horas y horas en agua fría.


Lo cierto es que Cameron ya contaba con experiencia a sus espaldas de cuando rodó Abyss, cuyas secuencias bajo el agua fueron filmadas en dos estanques que se construyeron en una abandonada planta de energía nuclear de Carolina del Sur. Uno de ellos, el principal, era el estanque de filtrado de agua más grande del mundo, de 18 metros de profundidad y 70 metros de ancho, y con una capacidad de 28.000 metros cúbicos de agua. Tardaba nada menos que cinco días en llenarse. En el primer día de rodaje tuvieron una fuga, y en tan sólo un minuto se llegaron a perder 570 metros cúbicos de agua.

Para que el director de fotografía, Al Giddings, pudiera hacer su trabajo con eficiencia, se emplearon tres tipos de cámaras diseñadas especialmente para las escenas fuera y debajo del agua. Por supuesto, las medidas de seguridad eran muy rigurosas y cada actor contaba con un buzo de seguridad para que le asistiera en caso de que surgiera algún problema. De todos modos, ninguno de ellos llegó a realizar sus escenas por debajo de los 11 metros ni estuvieron sumergidos más de una hora, por lo que no necesitaron descompresión alguna. Cameron y su equipo compuesto por 26 personas, en cambio, bajaron hasta los casi veinte metros de profundidad y llegaron a estar sumergidos hasta cinco horas seguidas. Para luego evitar el “síndrome por descompresión”, debían permanecer en un tanque durante dos horas respirando oxígeno puro.

Aunque no hubo que lamentar daños físicos por parte del reparto (sí de los buceadores), el rodaje fue tan duro e intenso que Mary Elizabeth Mastrantonio llegó a sufrir un colapso físico y emocional en el set. Y Ed Harris tampoco es que quedara muy contento con la experiencia…

Una producción, en comparación, algo más modesta pero también pasada por agua fue la injustamente olvidada “Hard Rain”, una entretenida y efectiva mezcla de thriller de acción y cine catastrofista que, sin embargo, pasó con más pena que gloria por la taquilla estadounidense (mejor le fue internacionalmente y luego en el mercado del vídeo). Escrita por el guionista de “Speed” y titulada originalmente como "The Flood", la película narraba cómo un grupo de ladrones trataba de hacerse con el dinero de un furgón blindado en medio de una fuerte lluvia torrencial que deja a un pueblo del medio oeste de EE.UU. prácticamente sumergido bajo el agua. El reducido reparto, formado principalmente por Morgan Freeman, Christian Slater, Randy Quaid y Minnie Driver, pasó la mayor parte del metraje con el cuerpo en remojo y afrontando las más diversas secuencias de acción que planteaba el guión. 

Parte del rodaje tuvo lugar en Huntingburg, Indiana, lugar por el que curiosamente no pasaba ningún río. Muchas de las escenas iniciales, cuando aún es de día y el agua apenas cubre un par de palmos, se rodaron en exteriores, mientras que para el resto se utilizó un hangar de aviones de Palmdale, California, en el que se construyó el enorme decorado que recreaba el pueblo inundado. Los actores no sólo rodaban con el agua hasta el cuello (en realidad, hasta la cintura), sino que eran rociados constantemente por los numerosos aspersores  que simulaban la incesante tempestad, lo que por otro lado implicaba tener que cubrir las cámaras para que no se mojaran. A lo largo del escenario, además, se ubicaron distintos cañones que bombeaban el agua y permitían subir el nivel de la misma para las secuencias en las que la presa del río cedía.

Un rodaje complejo y arduo en el que sorprendía sobre todo la pericia de Mikael Solomon, un director de fotografía (con sólo un film previo en su haber como director) que sustituía a un desertor John Woo (se fue a rodar “Cara a cara”) y que posteriormente ha dedicado su carrera a la dirección de baratos telefilmes y capítulos de diversas series de tv.
Si buceamos un poco más por las aguas cinematográficas de la década de los noventa, nos encontramos con “Daylight (Pánico en el túnel)”, una cinta catastrofista (eran la moda por aquellos tiempos) rodada a mayor gloria de su estrella protagonista, Sylvester Stallone. La trama nos situaba en un túnel de Manhattan inundado por las aguas del río Hudson tras la explosión de un camión que transportaba sustancias peligrosas. Dirigida por Rob Cohen (Dragonheart, A todo gas), supuso, gracias también a la taquilla internacional, uno de los últimos medio-éxitos en la carrera del actor, la cual empezaba ya a entrar en serio declive.

Aquí el componente claustrofóbico de varias secuencias era bastante significativo, si bien la cinta destacaba sobre todo por la presencia de un (físicamente) intenso Sly, que rodó muchas de sus escenas de acción.


Y no puedo abandonar el género catastrofista sin antes mencionar a “La aventura del Poseidón”, superproducción setentera en manos de Ronald Neame (quién más tarde rodaría “Meteoro”, todo un precedente de “Armaggedon”) y producida por el especialista Irwin Allen (El coloso en llamas). Nominada a los Oscar hasta en ocho categorías, la película fue considerada previamente como un imposible debido a las limitaciones tecnológicas de la época y al cuantioso presupuesto que debía invertirse para poder llevarse a cabo. No obstante, eso no achantó a su productor, que si tiró a la piscina y produjo todo un éxito de taquilla que puso de moda el cine de catástrofes (cuyos principales exponentes vinieron de la mano del propio Irwin Allen, todo sea dicho).

Parte del rodaje se filmó a bordo del RMS Queen Mary, famoso transatlántico que desde finale de los sesenta permanece amarrado en el puerto de Long Beach, en California. Si bien muchas de las secuencias planteaban distintos retos y riesgos, hay que destacar que una de las más peligrosas -y a la que se negaron todos los especialistas- se producía justo al inicio del vuelco del barco, cuando uno de los pasajeros caía en picado atravesando una cristalera. El valiente que asumió la escena fue Richard Stark, un empleado de una gasolinera que respondió al anuncio publicado por Allen en el que éste ofrecía mil dólares para quién estuviera dispuesto a dar el salto. Stark hizo la toma y se fue a casa con los bolsillos llenos y unos cuantos huesos rotos de propina. 

De la película se llegó a hacer una secuela (“Más allá del Poseidón”) que fracasó estrepitosamente, un remake telefiviso en 2005 y, sólo un año más tarde, un pobre remake estrenado en cines a cargo de Wolfgang Petersen, que ya poseía cierta experiencia con maremotos tras la muy superior “La tormenta perfecta”.

Pero si hay algo peor que quedarse atrapado en un transatlántico vuelto del revés es encontrarse en uno en el que se ha colado un monstruo marino con hambre de carne humana. Esto es lo que le ocurría a los sufridos pasajeros del Argonautica en “Deep Rising”, una muy disfrutable monster-movie con un alto espíritu de serie B (aunque costó unos nada despreciables –y no recuperados- 45 millones de dólares) escrita y dirigida por Stephen Sommers, quién más tarde alcanzaría reconocimiento mundial gracias a “La Momia”.

Aunque la idea inicial era contar con Harrison Ford para el papel principal, finalmente, y tras su rechazo, el protagonismo recayó en un carismático Treat Williams. Él y su doble de acción tuvieron que asumir varias escenas de acción a bordo de una moto de agua por los estrechos pasillos del barco, con la dificultad de maniobra que ello conllevaba (en la ya citada “Hard Rain” podíamos apreciar unas secuencias similares en el interior de un instituto).

Sommers y su equipo se trasladaron a los Bridge Studios de Vancouver, y durante tres meses emplearon más agua -y sangre falsa- que cualquier otra película rodada ese año en Canadá.

Puestos a hablar de devoradoras criaturas marinas, no queda otra que citar a “Deep Blue Sea”,  con unos tiburones genéticamente modificados causando el pánico en remota instalación  submarina.

Los decorados de la instalación se construyeron de modo que pudieran ser sumergidos en un tanque de agua, y dependiendo de la secuencia, se emplearon tiburones o animatronics.  

Para terminar, y aunque seguramente existan muchas otras películas (y de otros géneros, como el drama submarino “El gran azul” de Luc Besson) que bien servirían para ilustrar el artículo, creo que vale la pena concluir el repaso rescatando algunos datos acerca de “Alien Resurrection”, cuarta –e infravalorada- entrega de la saga que empezó Ridley Scott con “Alien, el octavo pasajero”. 

En un segmento de la película, los protagonistas debían bucear a través del sector inundado de la nave, así que para tales efectos se construyó, en los mismos estudios de la Fox, una enorme piscina de 35 por 15 metro, y 4 metros de profundidad. Todas las escenas subacuáticas fueron filmados por Pete Romano, un cámara submarino que ya había trabajado en las ya mencionadas “Abyss” y “Waterworld”. Antes de rodar, el reparto realizó un curso de buceo de dos semanas, y durante la filmación  contaron con un equipo de buceadores a su alrededor para auxiliarles en caso de que fuese necesario. Y de hecho lo fue, ya que Ron Perlman tuvo que ser rescatado por dichos buceadores tras golpearse en la cabeza con parte del decorado al intentar salir del agua. Aunque seguramente quién peor lo pasaría durante el rodaje sería Winona Ryder, que padece acuafobia (fobia al agua) desde que casi se ahoga a la edad de 12 años.

15 comentarios:

PEPE CAHIERS dijo...

Buena selección a la que yo sumaría la de "Tiburón", toda una odisea de rodaje bajo el agua que fue muy bien detallada por Carl Gottlieb en el libro "El diario de Tiburón".

Machete dijo...

Gran artículo te has currado. Sin duda de todas me quedo con Abyss. Y estoy completamente de acuerdo con Waterworld. Como ha caído en el olvido y le da mil vueltas a otros blockbusters actuales. Deep Blue Sea, Hard Rain y Deep Rising no las he visto, así que no opinaré. La Aventura del Poseidón, solo he visto el remake, me gusto la escena del vuelco, pero el resto tampoco me pareció muy destacable que digamos, aunque no le resto merito. Titanic me niego a verla. XD
Y Daylight no la considero acúatica, creo que te has colado. ;)

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Pepe Cahiers,
Sin duda, "Tiburón" debería estar en el artículo. Me doy de latigazos por no haberla incluido. Respecto al libro, no lo conocía pero tomo nota.

Machete,
Me alegra encontrar a otro defensor de Waterworld. En mi opinión, cumple con los requisitos que se le exige a este tipo de blockbusters, y cuenta además con una historia bastante original (al menos en el cine nunca se había visto algo igual)

El remake de Poseidón es bastante mediocre, aunque entretiene. Me quedo con la original.

Daylight tiene varias escenas en remojo, y de ahí que esté en el artículo. En realidad, no se trata de un estricto listado de "películas acuáticas", sino de aquellas que hagan honor al título del post. De ahí que también haya incluido "Alien Resurrection".

Saludos ;)

Machete dijo...

Es que waterworld era una película hecha con medios de verdad, no recuerdo bien si había algo de cgi, pero si lo había era tan sutil que ni se notaba. No como ahora que está muy bien hecho pero cada vez hay menos escenarios reales, todo termina en pantalla verde. Además el argumento sin ser especialmente original me moló.

En ese caso queda usted perdonado con Daylight. ;)

Una peli pasada por agua ideal para el artículo hubiera sido, Open Water y su pseudosecuela Open Water: Adrift, aquí rebautizada A La Deriva.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

En Waterworld había muy poco uso de CGI, que yo recuerde. Las secuencias submarinas y algunos momentos muy puntuales, pero en general era una cinta bastante artesanal, algo habitual en el director. Hoy en día estaría plagada de efectos digitales (agua incluida) y todo resultaría demasiado artificial.

Y no es que esté en contra del uso del ordenador, ni mucho menos, pero creo que hay que emplearlo con cabeza, cuando realmente sea necesario y sin abusar. Si se puede rodar en escenarios reales o en decorados que pasen por realistas, mejor que mejor. Y que las explosiones sean explosiones de verdad.

No he visto ninguna de las dos cintas que mencionas, pero sí "The Reef", que creo que va en la misma línea.

Creo que las películas con tiburones -cocodrilos, pirañas...- de por medio darían para un artículo aparte xD

Como ya digo al inicio del post, he elegido las que me han parecido más destacables (aunque no me perdono haber dejado fuera "Tiburón"), dentro de las que he visto y de las que he podido encontrar algo de información.

;)

Machete dijo...

Pues entonces estamos con los mismos recuerdos. Ahora me han dado ganas de verla otra vez.

Respecto a usar tarjeta gráfica yo tampoco estoy en contra, pero estamos de acuerdo a veces se pasan. Donde se ponga una prótesis, un decorado o una explosión auténtica que se quiten los píxeles.

Pues la primera de Open Water es de estas películas que poniendote en situación da mal rollo. The Reef la vió Orlok y no le gusto demasiado. Yo no la he visto. Sí, las pelis acuáticas pero con 'acompañantes' daría para otro artículo. XD

Si lo de Daylight tiene un pase, pero meter Titanic en lugar de Tiburón....es para apedrearte. XD

Pliskeen (David Ribet) dijo...

"En lugar de..." no. Titanic tenía que estar sí o sí. Otra cosa es que le tengas una tirria injustificada a la película xD
Igual no te gustan los dramas románticos, por lo que entendería que no quieras verla, pero si es por su fama, sus Oscars y demás, entonces te estás perdiendo una gran película por meros prejuicios. Te lo digo yo, que sé de lo que hablo (no la ví en el cine por prejuicios y luego me arrepentí; posteriormente he podido subsanar el error viéndola en un reciente pase de prensa con motivo de su reestreno en 3D).

Lo de Tiburón es imperdonable, lo sé. Si hay clamor popular, actualizo el post y la añado. No hay problema :)

;)

Machete dijo...

Ya es una tontería tener este tipo de prejuicios. No es un género que me apasione, pero no sabría decir el porque siento ese rechazo, pero lo siento. No hace falta, déjala para un artículo de bichos marinos que encaja mejor. ;)

Darkerr dijo...

Buenisimo articulo. Me has hecho recordar "Hard rain", que tiene secuencias de acción muy buenas, aunque la historia no me convenció mucho, desde luego merece revisión. "Waterworld" se me hizo algo larga, pero esta en mi colección, de todas maneras, esa manera de hacerla tan detallista y artesanal es muy meritorio."Deep raising" es de lo mejor que ha hecho Stephen Sommers, a la fecha. Y "Deep blue sea" tambien me resultó muy entretenida, auqnue no he vuelto a ver a la actriz protagonista, muy guapa. No se me ocurre que otro filme pudiera añadirse, aparte de Tiburón.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Pues lo cierto es que "Hard Rain" cuenta con una trama bastante potable, a mi parecer, lo que hace que no sea sólo una ensalada de tiros en medio de una gran tormenta (que también xD).

"Deep Rising" es, directamente, lo mejor que ha rodado Sommers. Disfruto como un enano con esta película. Está entre mis monsters-movies favoritas, no te digo más.

"Deep Blue Sea" es tan entretenida como mala. Recuerdo que cuando la vi en el cine no para de desear que algún tiburón se zampara, precisamente, a la (odiosa) protagonista.

Saludos ;)

Darkerr dijo...

Bueno, sobre la actriz de "Deep blue sea" en cuanto a su trabajo si era muy mala, muy inexpresiva, creo recordar que era el típico caso de la fria cientifica europea, pero mal actuado además. Sobre "Hard rain", pues lo dicho, debo verla de nuevo; creo que el cambio de bando de alguno de los protagonistas durante la trama no me gustó, cosa de detalles.

Saludos¡¡¡

Gárgola dijo...

Es que ya se sabe que los rodajes pasados por agua no son buenos. Muchas son las películas que han pasado mil y una dificultades por culpa del agua, y que son imposibles de reseñar en una sola entrada. Así que ¿para cuando la segunda? Me quedé con ganas de más.
Un saludo.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Si hay suficientes títulos e información (visual o escrita) acerca de sus rodajes, no descarto una segunda parte.

Saludos ;)

Toluuuu dijo...

Estos post "especializados" que te curras son una gozada. Aun recuerdo lo que disfruté con el de el Steampunk. Pero yendo a este caso, estoy de acuerdo en todo lo que dices en el artículo. Waterworld, la tengo algo vaga en la memoria, solo recuerdo que me puse a verla y me dormí, y ya no sé si la terminé de ver, pero posiblemente no lo hice. Así que antes de que me digas que debería verla, ya estoy en ello.

Titanic muy buena, aunque su primera hora y media prescindible, Abyss increible cine de ciencia ficción con mensaje ineludible en estos días de cine de relleno, Deep Rising una divertida película reomendable al 100% y Deep Blue Sea... malísima, pero yo la vi en el cine y salí contentísimo. Tenía 16 ó 17 años, pero me entretuvo muchísimo. La escena de Samuel L. Jackson devorado por el tiburón, es impagable.

Y sí, habando de tiburones, que no aparezca Jaws en la reseña, es un tanto curioso...

Como dije, me ha encantado tu artículo.

PD: Ahora a la espera de otro artículo de este estilo pero de películas con bicho, que no son pocas. Alien, The Thing, Godzilla, king Kong... madre mía, ya me lo imagino y comienzo a salivar.

Muchas gracias de nuevo.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Disfruto haciendo estos artículos, pero siempre hay algún estreno que reseñar, y no suelo encontrar el momento para escribirlos y publicarlos.

Ya tengo alguno más en mente, así que espero que vea la luz más pronto que tarde.

Un artículo sobre monster-movies da para muuuucho. Tanto, que habría que dividirlo por partes xD

Saludos ;)