domingo, 6 de mayo de 2012

"John Carter" (2012) – Andrew Stanton

John Carter (2012) – Andrew Stanton
Antes siquiera de que el término “ciencia-ficción” existiera como tal (fue acuñado –o más bien popularizado- por Hugo Gernsback en 1926 con la publicación de la revista Amazing Stories), la literatura contaba ya con autores que escribían relatos sobre viajes fantásticos y mundos perdidos. Muchos de aquellos pioneros “involuntarios” del género han gozado de una popularidad que se ha extendido hasta nuestros días, y de ahí que hoy no nos resulten desconocidos nombres tales como Julio Verne, H. G. Wells, Arthur Conan Doyle o Edgar Allan Poe, más conocido éste último por sus relatos en el campo del horror. Sin embargo, aquellos autores que surgieron con la sana vocación de crear obras para un mercado en plena ebullición, encontraron en los pulps la vía perfecta para desplegar toda su imaginería literaria.

Los pulps fueron publicaciones de pequeño tamaño y llamativas portadas a color impresas en papel barato (confeccionado –y de ahí el nombre- en pulpa de madera o de celulosa) que aparecieron a principios del siglo XIX y subsistieron hasta mediados del mismo. Especializados en el relato y la historieta, estos magazines podían adquirirse a un precio asequible gracias a su bajo coste de producción, y en ellos se podían encontrar historias de todo tipo, si bien las que marcaron –y proliferaron en- este soporte fueron precisamente las de corte fantástico. De ahí que en cierto modo se haya considerado la “ficción pulp” como un género (aglutinador de conceptos y autores) más que como un medio, que en el fondo es lo que era. 

A lo largo de esos cincuenta años, en estos pulps llegaron a escribir, durante su primera etapa, autores de tan –a posteriori- reconocido prestigio como H. P. Lovecraft o Robert E. Howard, y en siguientes incursiones aclamados escritores de ciencia-ficción como Isaac Asimov, Philip K. Dick, Ray Bradbury, Arthur C. Clarke, Frank Herbert o Robert A. Heinlein. 

Una de las revistas precursoras fue The Argosy, a la cuál siguieron otras célebres como la ya citada Amazing Stories (que le inspiró a un servidor para darle título a este humilde blog) o Astounding, su más directa rival en el mercado. Si bien estos dos pulps se centraban en la temática de ciencia-ficción, también surgieron otros que acogieron géneros como el terror (Weird Tales) o el policiaco (Detective Tales), o que destacaron por contar las aventuras de heroicos personajes como Doc Savage o The Shadow, quiénes llegaron a tener una segunda vida en las viñetas (considerándose así como los padres o, mejor dicho, los abuelos de los héroes y superhéroes actuales). 

Dentro del pulp de ciencia-ficción o fantaciencia, si aplicamos el término con el que se conocerían esas historias a caballo entre la ci-fi y la fantasía épica, hallamos a uno de sus autores más prolíficos: Edgar Rice Burroughs. Conocido por su más popular creación, ese héroe ataviado únicamente con un taparrabos llamado Tarzán (que, al igual que el Conan de Howard, germinó sucedáneos e imitadores varios; Ka-zar, Ki-Gor…), Burroughs alimentó la imaginación de los jóvenes lectores de la época escribiendo historias que transcurrían en lugares exóticos plagados de feroces criaturas, de inhóspitos parajes, de valientes y hercúleos guerreros y de exuberantes damiselas. Historias donde primaba la aventura pura y dura y cuyo afán literario - el mismo que el de escritores coetáneos- no iba más allá que el de proporcionar horas de entretenida y sana evasión. Así es como de su pluma surgió el héroe John Carter, protagonista de esa “Serie marciana” formada por once novelas ubicadas en un Marte ficticio llamado Barsoom.

La historia sigue a un veterano de guerra,  el ex capitán John Carter (Taylor Kitsch), que tras esconderse en una cueva huyendo de la implacable persecución de los indios es transportado de forma inexplicable hasta Marte. Una vez allí, Carter se verá envuelto en un conflicto de proporciones épicas con los habitantes del planeta, entre los que se encuentran Tars Tarkas (Willem Dafoe) y la cautivante Princesa Dejah Thoris (Lynn Collins). En un mundo al borde del colapso, Carter redescubrirá su humanidad al advertir que la supervivencia de Barsoom y su gente está en sus manos.


La obra de Burroughs no sólo inspiró a escritores coetáneos y posteriores sino que influyó sobremanera en el cómic, la televisión e incluso el cine. Quizás una de las producciones más representativas acerca de la huella que John Carter ha dejado en la cultura popular sea Star Wars, algo que el propio George Lucas ya ha admitido en alguna ocasión. Tanto su saga como otras películas o seriales han bebido a menudo de las mismas fuentes, y entre ellas se encuentra, por supuesto, Burroughs. De ahí que en cierto sentido lo que nos muestra esta película no nos resulte para nada novedoso. El cine se ha alimentado tanto de las aventuras de John Carter, que llegada la hora de llevar al personaje a la gran pantalla, al público le embarga una inevitable sensación a déjà vu. De hecho, no fueron pocos los que, con la aparición de los primeros avances, tildaron al “John Carter” de Disney de ser una burda copia o una mezcla de películas ya conocidas como la ya nombrada Star Wars, Prince of Persia, Conan y un largo etcétera. Algo similar le ocurrió hace unos años al Solomon Kane de Robert E. Howard, cuyo primera aparición en cines llegó después de que Stephen Sommers se inspirara en él para crear su “Van Helsing”, un fallido pupurrí entre el cazavampiros de Bram Stoker y el Kane de Howard. 

Lo que para muchos supone un material original y admirable, para otros, desconocedores (y con todo el derecho del mundo, por supuesto) de la obra precedente, no es más que otro pastiche que suena a ya visto. Por ello a algunos nos duele que John Carter haya tardado tanto en pasarse al celuloide, pero también es cierto que la tecnología actual es la que ha permitido plasmar con mayor fidelidad y calidad aquél mundo y aquellos seres que Burroughs concibió en su vasta imaginación.

Los impedimentos técnicos, cuando no la estrechez de miras, es lo que han retrasado tanto la llegada de un John Carter cinematográfico. En los años treinta hubo un primer intento de llevar a cabo una adaptación en formato animado bajo el amparo de MGM, pero el proyecto no llegó a cuajar por la falta de interés de los exhibidores. En la década de los 50, el maestro del stop-motion Ray Harryhausen se mostraría interesado en trasladar semejante material a la gran pantalla, pero no sería hasta treinta años después, en los ochenta, cuando los productores Mario Kassar y Andrew G. Vajna (Acorralado, Desafío total) se hicieron con los derechos para Walt Disney Pictures con la idea de producir una cinta que supuestamente tenía a Tom Cruise en la piel John Carter y al artesano John McTiernan en la silla de director. Obviamente, jamás vio la luz.

El momento en el que más cerca estuvo de hacerse realidad fue en 2005, cuando el proyecto recayó en Paramount y en las manos de Jon Favreau tras pasar por las de Robert Rodríguez y las de Kerry Conran (Sky Captain y el mundo del mañana). Sin embargo, el estudio no renovó los derechos, prefiriendo decantarse por la franquicia de Star Trek con J.J. Abrams a la cabeza, y Favreu acabó retirándose y recogiendo los bártulos para irse con Marvel a rodar su primer gran éxito, “IronMan”. 

Esto nos lleva a 2007, cuando Disney recupera de nuevo los derechos y se anuncia a bombo y platillo que Pixar debutará en el campo de la acción real dejando la dirección de John Carter a cargo de un hombre de la casa, Andrew Stanton (Buscando a Nemo, Wall-E). A muchos se nos pusieron los dientes largos y empezamos a salivar con la idea de que el estudio del flexo fuera el responsable de tal hazaña. Pero cuál fue la sorpresa que con los primeros afiches de la película no había rastro de mención alguna a Pixar, quedando de ésta tan sólo el nombre del director como única conexión con el estudio y presentándose al mundo una superproducción genuinamente Disney. Por el camino, además, el título perdería el “de Marte” para quedarse en un escueto “John Carter” (que suena más a biopic que a cinta de aventuras). Esto último me disgustó sobremanera, si bien tras el visionado de la película reconozco que el recorte ha quedado bien justificado. Digamos que Carter se gana el apelativo en el transcurso de los acontecimientos que tienen lugar en esta primera –y probablemente única- película.

El filme de Stanton aborda el nacimiento del héroe haciendo acopio tanto de su primera aparición literaria en “Una princesa de Marte” como de su continuación, “Los dioses de Marte” (toda la parte relacionada con los Therns), lo que le ha permitido a Stanton y a su equipo de guionistas confeccionar un guión con el que rellenar ciertos recovecos que encerraba el universo marciano de Burroughs. Así es como el viaje de Carter de la Tierra a Marte goza aquí de una explicación que a su vez está ligada a uno de los elementos clave de la trama. Estos pequeños detalles, tomados más a la ligera en la fuente literaria, están aquí más mimados.

La fusión de ambas novelas, no obstante, resta protagonismo a algunos personajes que acompañaban la primera aventura de Carter. Sarkoja, por ejemplo, un ser despreciable y de lengua viperina relegado aquí a un papel muy secundario, o el personaje encarnado por James Purefoy, Kantos Kan, que podría haber dado más juego como aliado de Carter y Dejah Thoris, quiénes ejercen finalmente como principales pilares de la historia junto a Sola y Tars Tharkas.


De todos modos, mi pretensión nos ni mucho la de realizar una exhaustiva comparación entre novela y adaptación. En primer lugar, porque no creo que lo necesite, valiéndose perfectamente de un juicio exclusivamente cinematográfica por mi parte para juzgarla como el entretenimiento que es; y en segundo lugar porque no tengo dichas novelas frescas en la memoria y no quisiera que mi memoria pez me jugara una mala pasada que me dejara en evidencia. 

Lo que sí me veo obligado a apuntar es la redefinición y actualización de dichos personajes. Carter pasa de ser un orgulloso confederado a un ex soldado buscador de oro resentido con su pasado militar y su gobierno por culpa de una tragedia del pasado, lo que le otorga algo de fondo al héroe, emparentándose en ocasiones con el no menos habitual rol de antihéroe. Claro que las reticencias iniciales de Carter a ayudar a los demás duran lo que su consciencia es capaz de aguantar sin sentir la necesidad de hacer lo que debe, ya sea por ética como por amor. Y es que el público siempre busca, en este tipo de historias, al héroe de nobles valores, y no iba ser Disney quién no se lo diese. 

Dejando de lado el look melenudo, lo cierto es que físicamente Taylor Kitch da el perfil de John Carter, si bien no es un actor que desborde demasiado carisma y eso hace que el personaje se resienta poco, pese a los vanos intentos de los guionistas por introducir líneas jocosas en sus diálogos que lo hagan parecer un héroe más socarrón.

Por su parte, Dejah Thoris es toda una mujer de armas tomar en consonancia con la mujer moderna. De la arcaica damisela en apuros pasamos ahora a una princesa marciana guerrera y que sabe valerse por sí misma. Tampoco luce tan ligerita de ropa como Burroughs la describió (“… completamente desnuda, excepto sus ornamentos muy bien forjados…”), algo que ya era de esperar tratándose de una superproducción de corte familiar. No obstante, a nivel físico se ajusta al prototipo imaginado y descrito por Burroughs, con su espléndida cabellera negra como el tizón, su piel de un tono rojizo como el cobre, de rostro extremadamente bello (mérito aquí a la abrumadora belleza natural de Lynn Collins) y de facciones exquisitas y magníficamente delineadas. 

Dejah Thoris es  la princesa de Helium, ciudad poblada por la raza humanoide de Barsoom (conocida como los Marcianos Rojos) y que está en constante conflicto con sus semejantes de la ciudad de Zodanga. Y John Carter se verá envuelto en medio de esta guerra al tiempo que intenta ganarse la confianza de otra de las razas pobladoras de este extraño Marte: los Tharks, unas gigantescas criaturas verdes provistas de un par de brazos a cada lado del cuerpo y de unos largos colmillos inferiores que sobresalen amenazantes de sus fauces.

La recreación de estos eres, así como la de otras formidables criaturas que hacen acto de presencia en la película (los grandes monos grises del coliseo Thark; el simpático y veloz Whoola, esa especie de fiel perro guardián que acompaña a Carter a todas partes) están perfectamente recreados por ordenador, si bien tampoco estamos ante la anunciada “revolución tecnológica” que tanto quisieron vendernos durante la preproducción del proyecto. Y es que tras la aparición de Avatar, que mostró una notable mejoría técnica en el campo de la motion capture (un tema del que ya hablé en su día en la respectiva crítica de la película), algunos estudios como Disney han fanfarroneado con la posibilidad de superar su CGI o su 3D. Tras la fallida intentona con Tron Legacy,  “John Carter” iba a ser “la nueva Avatar” en materia de efectos especiales, y aunque el resultado es meritorio (faltaría más teniendo en cuenta que se han gastado 250 millones de dólares), no hay sensación alguna que de esto sea el cacareado no va más.


 De todos modos, es evidente que el trabajo visual y el diseño de producción son una de las grandes bazas de esta película, sino la única. El problema de filme de Disney reside en que no se le saca todo el provecho a los elementos de los que se dispone, y pese a contar con un universo idóneo, la película es, en cierto modo, muy poco espectacular. Su impacto reside en el despliegue virtual, pero no goza de la representación adecuada para dejarnos boquiabiertos ni para hacernos vibrar en la butaca. Al poco acierto en la dirección de actores de Stanton se une su falta de dinamismo y su pobre ejecución de las secuencias de acción. 

La espectacularidad de John Carter reside en lo que muestra pero no en cómo lo muestra, es decir, en los increíbles monstruos y las esplendorosas naves, pero no en cómo se utilizan éstos.  El universo creado por Burroughs brinda un espacio único para el desarrollo de atractivas batallas y lujosas escenas de acción, pero Stanton no alcanza nunca ese cénit. 

La tan promocionada secuencia de Carter peleando con dos grandes monos grises se queda en nada y menos, así como los distintos enfrentamientos entre Carter y los Tharks o entre éstos y los marcianos rojos terminan sabiendo a poco. La acción, que se concentra principalmente al principio y al final del metraje (dejando el espacio intermedio algo huérfano de altos picos de adrenalina), es llamativa pero escasamente contundente. La película está falta de épica (por mucha enfatización que intente otorgarle Michael Giacchino a través de su notable banda sonora), falta de verdadera emoción pulp que nos haga desear vivir una aventura similar a la de John Carter. Se puede decir que logra entretener pero no cautivar, y quizás ese sea el motivo por el cual tuvo una tibia acogida entre el público, la mayor parte del cual no se mostró excesivamente entusiasta con el resultado. Las cifras no han acompañado a “John Carter”, que sufrió un decepcionante recibimiento en suelo americano y una mejor aceptación en el extranjero (sobre todo en Australia y en países europeos como España, Francia, Alemania, Reino Unido y Russia) que, sin embargo, no la salvan del descalabro económico. 

Disney ha invertido demasiado dinero en la adaptación de unas novelas centenarias que muy pocos conocen. No es lo mismo adaptar a Burroughs (cuyo famoso personaje es Tarzán y no Carter) que adaptar algo como Harry Potter, que cuenta con legiones de fans por todo el mundo. Tampoco ha habido ninguna estrella de la lista A (un Hugh Jackman o un Brad Pitt, por ejemplo) que tire del carro para atraer a las masas a las salas de cine y, lo que es peor, durante la promoción todo sonaba a ya visto, lo que ha hecho despertar muy poco interés en el espectador potencial de la película. Amén de que el tono familiar en ocasiones deriva en lo infantil, algo que no le ha beneficiado nada. 

De todos modos, no siempre existen motivos que justifiquen un fracaso, y en este caso no hay ninguno en particular que apoye en demasía el palo que ha recibido John Carter. Es cierto que no ha contentado como debía y que no es la gran película de aventuras que se esperaba y que debía haber sido, pero antes que ella se han estrenado producciones muchísimo peores que, sin embargo, han acabado arrasando en taquilla (al lector se le ocurrirán buenos ejemplos, así que no es necesario que servidor los cite). Por esa razón creo que el trato que ha recibido el “John Carter” de Disney es algo injusto. 

El estudio anunció unas pérdidas de alrededor de 200 millones de dólares, lo que ha dejado al filme de Stanton sin posibilidad alguna de conocer una secuela. Y es una verdadera lástima porque el universo de escribió Burroughs tiene mucho potencial en pantalla y se le podría sacar todo el jugo en futuras continuaciones, siempre y cuando estuvieran a los mandos de un equipo capacitado para ello (el detalle más curioso de esta adaptación ha sido, a mi juicio, el mezclar realidad y ficción, convirtiendo a Burroughs en un personaje más de la película). 

Un servidor desea sumergirse en más aventuras con sabor pulp, desea ver y conocer más sobre Barsoom, desea volver a encontrarse con el valiente John Carter y la hermosa Dejah Thoris… Pero parece que habrá que esperar unos años a que eso ocurra y sean otros los que lo intenten de nuevo.

Quizás “John Carter” fuese un fracaso anunciado, y quién sabe, quizás con el tiempo hasta se convierta en pieza de culto, pero lo que está claro es que hoy en día para producir un entretenimiento de 250 millones de dólares hay que confiar mucho en el producto que se está realizando, y probablemente en Disney han pecado de optimistas. Sus pretensiones (y sus promesas) no se han visto cumplidas ni en lo artístico (calidad mejorable) ni en lo económico (cero beneficios), y este duro revés seguramente afectará a futuras decisiones que tome el legendario estudio del ratón en materia de blockbusters.

Valoración personal: 

13 comentarios:

Fucktricio dijo...

Yo la ví en cine y aunque lo pensé algo por que en un principio no me llamó mucho la atención, al menos esperaba un buen entretenimiento. Cierto que las comparaciones no se hicieron esperar, al final el pensar que sería algo entre La Momia y El Príncipe de Persia me hizo decidir ir a verla.

Las escenas que se mostraban en los avances auguraban algo espectacular, lo malo es que fuera de esas escenas el resto no tiene la fuerza visual y la historia no ayuda mucho a ello. El prólogo se me hizo aburrido, honestamente y una vez que veíamos a John Carter en Marte esperaba la cosa mejorara, pero tampoco sucedió.

Es una lástima, por que realmente se prestaba como bien dices a algo mucho más elaborado y que funcionase en pantalla, pero el toque familiar terminó por arruinar la fiesta y lo que pudieron ser batallas con un toque más épico en pantalla se veían caóticas, como una masa luchando con otra, nada memorables. También el cambio tan radical en alguno papeles como el de la princesa que pasó de ser una mujer fuerte e independiente a una sumisa y que necesitaba ser rescatada, como que a mitad del guión entró alguien más a hacer unos ajustes sin importar si seguían o no la línea general de la historia. Por momentos se hace aburrida, pero al final John Carter es una película que no se hace tan insufrible y se deja ver sin tanto problema, sólo que se olvida una vez que abandonas la sala de cine. Igualmente me gustaría ver una secuela pero en un tono un poco más maduro, que no hay duda que puede lograrse por que como película de ciencia ficción o aventura no terminó de cuajar pero hay otras adaptaciones que pueden verse en familia sin ser tan infantiles o bobas.

Machete dijo...

No la he visto todavía, pero le han vapuleado mucho. Aunque tú no la pintas tan mal. Curioso lo de McTiernan, podría haber sido apóteosica.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Fucktricio,

Yo también la vi en el cine, aunque no encontraba el momento de publicar la crítica.

Quizás si realmente hubiera sido un proyecto de Pixar, el resultado hubiese sido sustancialmente diferente (=mejor). Creo que Disney no era el estudio adecuado para el proyecto, ni tampoco Stanton dirigiéndola (demuestra escasa pericia en el manejo de las secuencias de acción).

La historia es la que es, pero se podría haber llevado a cabo con mucho más atino que el que han tenido aquí. No es una mala película, ni mucho menos, pero tampoco es buena, y cumple muy justito en términos de entretenimiento.

Machete,

Se me ponen los dientes largos sólo de pensar lo que hubiese hecho McTiernan con semejante material. Y sin ser mi John Carter ideal, creo que Cruise hubiese sabido darle al personaje el carisma que le ha faltado a Kitsch.

La adaptación de Stanton no es mala, pero pecaron de presuntuosos y pretenciosos, queriendo traer a los cines "la nueva Avatar" que revolucionara el campo de los efectos digitales y arrasara en taquilla, y al final el tiro les ha salido por la culata.

Aún así, me escama que bodrios infumables que causan vergüenza ajena como Transformers 3 se coloquen entre las películas más taquilleras de la historia, y ésta, que sin ser buena al menos es una cinta de aventuras aceptable, el público le de la espalda y fracase estrepitosamente (porque ha hecho un buen dinerito, pero insuficiente para cubrir su enorme coste).

Saludos ;)

Machete dijo...

Tú mismo lo has dicho, el reparto y el conocimiento de la obra en cuestión, son un gran reclamo para el público. Por eso Transformers u otras triunfan.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Transformers, además, es pura pirotecnia sin ton ni son, y eso a la mayoría del público le encanta. No hay más que ver el éxito de Battleship, que va casi en la misma línea (aunque al menos con ésta te echas una risas).

Machete dijo...

Bueno ya sabes que a mí Battleship si que me gustó. Transformers 3 no la he visto, con las dos primeras tuve bastante. XD

Darkerr dijo...

Me gustó, pero si es reconocible que los actores pueden ser superables. Por lo demás, caí fácil con su ambientación fantástica y su despliegue de acción. Espero que el DVD venga repleto de extras.

Toluuuu dijo...

Pues a mi curiosamente me gustó mucho mas la adaptación a la gran pantalla que la novela en la que se basa, que, por cierto, no es que se le paezca mucho...

La película es demasiado infantil, de eso no cabe la menor duda, y, aunque las escenas de acción son bastante mejorables, tambien el protagonista no llega a imbuirse del verdadero carisma del personaje al que interpreta. Tars Tarkhas, es sin duda juento a su primogénita lo mejor del metraje, y la princesa, una belleza inexcrutable en movimiento, no deja de ser un mujerón que solo se dedica a lucir palmito en la película.

De quien es la culpa todo esto? ¿Del director, de los guinistas o de la Disney en general? Quizá de todos un poco. Nos quisieron vender una revolución y solo nos dieron algo mas de lo que ya teníamos. Es una lástima, porque hay mucho material ahí, y quien sabe si quizá la Disney se atreve y aunque no venda los derechos, sí los cede a otra distribuidora para que ésta pueda sacarle todo el partido que se merece sin olvidar a qué público debe llegar la película.

Pliskeen, llegó tarde la crítica, pero mereció la espera.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Darkerr,

Taylor Kitsch parece estar de moda, pero si no se esfuerza un poco más, se vendrá abajo muy pronto. No quisiera que Hollywood nos endosara otro Sam Worthington...

Toluuuu,

Las novelas tienen 100 años y son de carácter juvenil, con lo que tampoco se le puede exigir demasiado. Para mi, lo más destacable es la imaginación que desprendían autores como Burroughs y coetaneos, aunque personalmente me quedo con Robert E. Howard, cuya prosa y obra en general estaba, en mi opinión, muy por encima de la del creador de Tarzán.

De todas formas, el universo creado en John Carter puede dar muy buenos frutos en el cine, y esta primera adaptación, aunque aceptable, no deja de parecerme una oportunidad desperdiciada para conseguirlo.

Saludos ;)

Toluuuu dijo...

Coincido en que la novela tiene 100 años (bueno, casi, ya que realmente la novela es algo mas moderna. La historia original si que cumple este año 100 años) , aunque no es coincidir, es que es un hecho. Tambien en que la dosis de imaginación que desborda es abrumadora y superior a cualquier cosa leida de aquellos años (solo Verne es capaz de ser quizá mas bestia, en cuanto a imaginación se refiera). Pero la calidad de la misma es otra cosa. Y ojo, no digo que la novela sea mala, sino que, para mi, es mas floja que la del celuloide. No puedo retirar méritos a su autor, porque la verdad, es increiblemente original (en aquella época) pero tiene detalles que ni yo, apasionado de la lectura de la ciencia-ficción soy capaz de creerme. Deduzco que has leido la novela original, por lo que cosas como que los Tharkianos midan cinco metros de alto, porten lanzas de doce metros de largo y escopetas que pueden hacer blanco a 320 kilómetros de distancia no te resultan para nada extrañas. A mi me chirrían un poco, y solo son unos detalles, porque la novela tiene bastantes mas.

Como bien dices, el autor de Conan sea mejor que el que citamos aquí, pero no puedo quitar mérito a lo que hizo con John Carter, sobre todo contando con que la novela tiene siete continuaciones (¿U ocho? Ya no me acuerdo)y no baja demasiado el listón de calidad de las novelas, incluso va aumentando a medida que el autor se va familiarizando con sus propios personajes y con la escritura en sí.

Por eso, como digo y como tú subrayas, puede dar para mejores adaptaciones, y solo queda que Disney venda el producto para no anclarlo en otra producción "Para todos los públicos" que con toda seguridad es la que ha matado la película.

Saludos y gracias por contestar, pocos se molestan en hacerlo en sus Blogs.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Lo de los 100 años lo comento precisamente como un dato que me sirve, digamos, para señalar la ingenuidad de la obra. Estamos hablando no sólo de los albores de la ciencia-ficción sino también de una época cuyos conocimientos sobre la tecnología y el mundo que nos rodea (y el espacio exterior...) eran mucho más limitados que, pongamos, viente o treinta años después, cuando empezaron a llegar las obras cumbres del género. Obras, éstas, con un gran dominio del lenguaje literario y, sobre todo, del lenguaje propio de la ciencia-ficción.

Burroughs, así como otros autores que escribían en estos fanzines pulp, no se preocupaban demasiado por la credibilidad de sus relatos. Fantaseaban y exageraban tanto como podían, y utilizaban una prosa sencilla y muy directa que, no obstante, fueron madurando con el paso del tiempo.

Es evidente que una obra de semejante antigüedad e ingenuidad leída hoy día puede saber a poco. Más cierto es que precisa de una necesaria actualización para llevarse a la gran pantalla. Personalmente, los cambios introducidos en la película para conseguir actualizar John Carter me han gustado, aunque me sorprendió que mantuvieron lo de los saltos. Es un detalle que, cuando pensaba en una adaptación, consideré que bien podría eliminarse.

El material de base, el universo en sí creado alrededor de John Carter, tiene un potencial enorme. Sólo hay que saber trabajarlo, y aquí se quedaron a las puertas de lo que podría haber dado de sí semejante adaptación.

Saludos ;)

P.D.: Insisto en que Robert E. Howard me parece bastante superior que Buorrughs, tanto en prosa como en el concienzudo detalle a la hora de crear el universo en el que se inscriben algunos de sus personajes (Conan, Kull)

Toluuuu dijo...

Estoy a la espera de hacrme con algún ejemplar de Conan o de Kull, para ver si tan bueno es como lo pintan. Tengo los relatos de Solomon Kane y aun no les he metido mano, pero viendo lo que comentas, y sabedor de que este es tu género, te haré caso y seguiré tu recomendación.

Gracias por contestar.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

No sé cuán buenos esperas que sean, pero a mi me gustan :)

De Solomon Kane hay (tengo) una edición de bolsillo bastante maja con todos sus relatos recopilados, más el de Red Sonja (nada que ver con la Red Sonja de los cómics, todo hay que decirlo). También se editaron en una edición sencilla los relatos de Cormac (también en mi posesión), un guerrero celta.

Hay dónde escoger. Ahora estoy a la espera de poder adquirir sus relatos del oeste (westerns).