viernes, 1 de febrero de 2013

“El último desafío” (2013) - Kim Ji-woon


Una breve aparición estelar en “Los mercenarios” supuso para Arnold Schwarzenegger su primera toma de contacto delante de las cámaras tras un largo periodo de inactividad. Y ahí nos dimos de bruces con la triste realidad: el tito Chuache estaba muy cascado. Demasiado.

Han sido casi diez años de su vida dedicados  por entero a la política como Gobernador de California, y durante ese tiempo alejado del cine, el austriaco no parece haber frecuentado mucho el gimnasio (todo un sacrilegio para un culturista de su talla). Y eso se nota, más aún cuando ya carga sobre sus espaldas 65 tacos. Nada que ver con su amigo Stallone, que con un año más encima se ha mantenido en buena forma y sigue asumiendo su rol de action-man con mucha dignidad.

No obstante, no podemos negar que ansiábamos su regreso, fuese en las condiciones que fuese. Sus cameos en la saga mercenaria nos han servido de aperitivo, pero queríamos más. Y “The Last Stand” es su primer intento de volver al ring para rememorar viejos tiempos y demostrar al público que aún puede seguir dando caña.

Gabriel Cortez (Eduardo Noriega), el más destacado capo del narcotráfico del hemisferio oeste, efectúa una espectacular y sanguinaria huida de un convoy penitenciario del FBI. Su objetivo inminente: cruzar la frontera hacia México.

Pero su ruta de huida pasa justo a través de la tranquila localidad fronteriza de Sommerton Junction, cuyo sheriff, Ray Owens (Arnold Schwarzenegger), está dispuesto a pararle los pies con la ayuda de su modesto equipo policial.

Podría haber optado por retomar alguno de sus papeles más legendarios en el cine (cosa que, se supone, hará en breve con Terminator 5 y Legend of Conan), o apostar por un blockbuster de alto de voltaje a la altura de su leyenda, pero lo cierto es que la vuelta de Arnold a la gran pantalla es algo más modesta y sigue un poco la estela desenfada y autoparódica de “Los mercenarios 2”.

En este caso nos encontramos con un viejo sheriff de pueblo  y sus ayudantes enfrentados a un grupo de mercenarios armados hasta los dientes que trabajan a sueldo para un importante narcotraficante. A priori, una batalla bastante desequilibrada en la que las apuestas estarían 10 a 1 en contra de los buenos de la película. Pero con lo que los malotes no contaban es que el viejo Ray Owens fuese un hueso duro de roer.


Owens abandonó la división de narcóticos del Departamento de Policía de Los Ángeles para trasladarse a Sommerton Junction, un lugar sin violencia ni apenas criminalidad en el que seguir ejerciendo su profesión sin asumir demasiados riesgos. Un sitio idóneo en el que vivir en paz hasta el día de su retiro. Pero antes de colgar la placa le espera un último e imprevisto desafío cuando, sin comerlo ni beberlo, se cruza en el camino hacia la libertad del peligroso Cortez. Un choque de trenes con la ciudad fronteriza como escenario de una bestial contienda en el que las balas silban por todas partes. 

Schwarzenegger encarna a Owens casi como si se de sí mismo se tratara, es decir, como un hombre viejo y experimentado al que aún le quedan ganas de dar guerra si la ocasión se lo exige. El actor no duda en burlarse de su edad, admitiendo en la ficción que ya no está para estos trotes. Pero la ley es la ley, y hay que hacerla cumplir, cueste lo que cueste.

Al más puro estilo del viejo oeste  y con ciertas reminiscencias a “El último pistolero” de John Wayne,  el sheriff Owens hace frente a los forajidos con el arsenal que tiene a mano y con la ayuda de su equipo y alguna que otra incorporación de última hora.  No son los SEALS, pero como comrpobaréis, se las apañan bastante bien.
  
Aunque los años no pasen en balde, Schwarzenegger sigue desprendiendo un carisma que llena la pantalla. Sin él, probablemente esto no dejaría de ser otra cinta de acción del montón (del videoclub), y eso aún estando detrás de las cámaras alguien como Kim Ji-woon, uno de los directores más aclamados del más reciente cine coreano. Claro que su debut en Hollywood es un producto meramente alimenticio; un trabajo de encargo impersonal y funcional con el que abrirse paso en la industria yanqui en busca de, supongo, proyectos futuros con más sustancia.

De todos modos, pese a la inevitable sensación de intrascendencia, la falta de ambición y escasas pretensiones de “El último desafío” juegan mucho a su favor dado lo poco en serio que se toma a sí misma. La acción es, en ocasiones, de lo más burra, pero lo mejor de la misma está en su enorme sentido del humor que roza, en ocasiones, lo gozosamente delirante (el momento de la abuela con su escopeta o las continuas –y divertidas, por raro que parezca- payasadas de Johnny Knoxville). Salvo sus ligeros y puntuales momentos dramáticos para darle algo de peso a la historia y convertir el desafío de Owens en una vendetta personal, el resto es un cachondeo constante, y esa es su mayor baza. El guión es más simple que el mecanismo de un botijo, pero el director controla muy bien el tempo narrativo y consigue ofrecer una cinta de acción trepidante y de lo más entretenida.


Su mayor lastre, sin embargo, es tener a Noriega en el rol de villano principal. El actor es un paquete, y queda en evidencia cada vez que abre la boca para soltar alguna de sus frases (bastante pobres, también hay que decirlo). Se supone que Cortez es un tipo duro y un vacilón, pero en manos de Noriega eso no hay quién se lo crea, y resulta risible. Puestos a contratar a un español para el papel de mexicano podrían haber pensado en Jordi Mollà, todo experto en la materia a la hora de encarnar narcos, y cuyo histrionismo exacerbado al menos nos habría proporcionado unas cuantas risas a su costa (y sin desentonar demasiado con el tono de la película).

Pero tranquilos, que no está todo perdido en ese aspecto, pues ahí tenemos al señor Peter Stormare para salvar la papeleta antagonista y subsanar tan tremendo error de casting.

El resto del reparto, de lo más variopinto (y con tres mozas de muy buen ver), cumple con su cometido y dejan que sea la estrella de la función quién se luzca. Dicho esto, podemos  constatar, sin discusión alguna, que Arnold ha vuelto. Puede que no sea un regreso por todo lo alto, pero el resultado es bastante más satisfactorio de lo que auguraban los tráilers (poco atractivos) y la deprimente acogida que ha tenido en la taquilla USA (a los tráilers me remito).

Para ser honestos, este tipo de productos tampoco venden como antaño, sea quién sea el action-man que se ponga delante. No hay más que echar una ojeada a las pobres cifras recaudatorias que manejan habitualmente las producciones de Jason Statham o Dwayne Johnson.  

Esperemos que la vuelta de Arnie no quede empañada por este pequeño tropezón y pueda seguir dándonos alegrías en esta segunda vida cinematográfica.



Valoración personal: 

6 comentarios:

PEPE CAHIERS dijo...

Al viejo Arnold ya no le queda otra y ya se ve que la política le ha fundido los músculos. Pero ese papel es más que indicativo de lo que le puede esperar a partir de ahora. Mucha sorna con la edad y transformarse en un homenaje de sí mismo.

Machete dijo...

Tenía pensado ir a verla en breve a alguna sesión de primera hora que son más baratas. Tu crítica es el empujón que me faltaba.

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Pepe,
Es una buena manera de regresar al cine de acción, pero espero que no sea el patrón a seguir y aborde proyectos más serios y con más enjundia.

Machete,
Le tenía poca fe, pero al final me llevé una grata sorpresa. No es un peliculón, pero se pasa un buen rato.

Saludos ;)

Darkerr dijo...

Yo veo esta pelicula de todas maneras esta semana, a recordar viejos tiempos de cine de accion.

Saludos¡¡¡

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Ya me contarás qué te ha parecido ;)

Saludos!

Darkerr dijo...

Me ha encantado¡¡¡, la he disfrutado mucho. le ha venido bien la direccion de un realizador ajeno a Hollywood pero muy capaz. Lastima lo de la taquilla, el mundo esta al reves.

Saludos¡¡¡¡