martes, 17 de octubre de 2017

SITGES 2017 - Día 3 (Parte II)


Wind River” (2017) – Taylor Sheridan

Sinopsis oficial: Una agente del FBI se alía con un veterano rastreador local para investigar un asesinato ocurrido en una reserva de nativos americanos.

Comentario:

Después de los elogios recibidos por los guiones de “Sicario” y la estupenda “Hell or High Water”, Taylor Sheridan se lanza a la dirección para trasladar a la gran pantalla una investigación criminal que transcurre en los fríos y nevados parajes de Wyoming. Concretamente, en Wind River, la reserva de nativos americanos que da título a la película.

La trama, que no es demasiado intrincada, progresa despacio y con buena letra, profundizando sobre todo en los personajes. Sus principales protagonistas son una joven agente del FBI procedente de Las Vegas y que anda un poco perdida sobre el terreno; y un experto rastreador/cazador que la acompañará tanto para ayudarla a encontrar al asesino de la hija de su amigo, como para desquitarse, de algún modo, de una espina clavada todavía en su corazón desde hace muchos años.

Dos personajes que tienen en común su alto sentido del deber, y que no descansarán hasta resolver el caso.

La ópera prima de Sheridan es un thriller de personajes trágico y contundente. Una película altamente recomendable, con un muy buen trabajo de Jeremy Renner en la piel de un hombre roto por dentro que intenta vivir o, mejor dicho, sobrevivir con el dolor de la pérdida de un ser querido.




Anna and the Apocalypse” (2017) – John McPhail

Sinopsis oficial: La tranquila localidad de Little Haven se ve invadida por una horda de muertos vivientes que amenazan con chafarles las fiestas navideñas. Anna y sus amigos harán frente a la amenaza con toda su energía, sobreviviendo a muñecos de nieve zombificados, salvajes despedidas de soltero y adolescentes desenfrenados.

Comentario:
 
¿Es posible hacer de una película de zombies, un musical? La respuesta es sí. De hecho, el subgénero zombie ya se ha prestado a tantas variaciones, que esta mezcla de géneros no nos ha de sorprender en lo más mínimo. Es más, el género musical en sí admite prácticamente cualquier temática que se le quiera endosar, algo que podemos comprobar sobre todo en los escenarios de los teatros (si existen musicales de “Evil Dead” y “Spider-Man”, puede existir cualquier cosa).

Desde Escocia nos llega esta co-producción entre Reino Unido-EE.UU., en la que la tranquila y rutinaria Navidad de un pueblo se ve interrumpida por un brote de no-muertos que en tan sólo una noche parece haber puesto patas arriba todo el país.

En medio de este caos repleto de violencia, destrozos, sangre y muertes por doquier, se encuentra un grupo de adolescentes intentando sobrevivir y reunirse con sus seres queridos. No es que la historia resulte novedosa, cierto, pero sí el modo que tiene el director de contárnosla, es decir, a golpe de canciones pegadizas que se van intercalando paulatinamente a lo largo del metraje.

Los segmentos musicales ayudan sobremanera al desarrollo de los personajes, y sirven de excusa para mostrar a la audiencia sus emociones, sus sentimientos para con los demás, sus anhelados deseos, sus desesperantes frustraciones, etc. Esto nos permite conocerlos y encariñarnos de ellos de un modo original y muy lúdico. Y como ya digo, en un sentido puramente musical, y sin necesidad de recurrir a demasiada parafernalia o aparatosas coreografías, la película funciona gracias a un repertorio de canciones pegadizas que invitan a la audiencia a sumarse como acompañamiento con sus palmas (o al menos eso ocurrió en la sala durante una sesión que fue una auténtica fiesta).

El espectáculo, siempre bajo ese característico humor inglés, se ameniza con unas cuantas gotas de casquería barata muy gamberra, un antagonista (vivo) de lo más estridente y unos no-muertos tan feos como graciosos.

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