domingo, 16 de septiembre de 2018

“Predator” (2018) – Shane Black



Sinopsis oficial (estracto): Ahora, los cazadores más letales del universo son más fuertes, inteligentes y mortales. Está en las manos de un variopinto conjunto de exsoldados y una profesora de biología evolutiva evitar el fin de la raza humana.
 

Comentario:

Indignación. Creo que esa es la palabra que mejor describe la sensación tras contemplar semejante despropósito. Resulta inaudito que alguien que estuvo involucrado en la película original haya sido capaz de perpetrar un guión que, entre otras cosas, echa por tierra toda la mitología predator.

Shane Black, guionista de moda en los 90 gracias a los libretos de películas de acción como “El último Boy Scout”, “El último gran héroe” o la saga al completo de “Arma Letal”, ha sido el encargado de revivir una franquicia que parecía haber tocado fondo con la, pese a todo, estimable “Predators”. Black participó en el elenco de la cinta de McTiernan interpretando al personaje de Hawkins, uno de los miembros del comando de Dutch/Schwarzenegger. En calidad de guionista, se dice que aportó su granito de arena para con su personaje, algo a lo que podemos dar crédito a sabiendas del peculiar sentido del humor que suele impregnar en sus trabajos.

Junto al director/guionista Fred Dekker (“House, una casa alucinante, “El terror llama a su puerta”, “Robocop 3”…) con quien coescribió el clásico ochentero “Una pandilla alucinante”, Black ha construido una secuela directa de las dos primeras entregas, obviando la existencia de la cinta de Nimród Antal. Obviamente, no podían faltar los guiños a aquellas, aunque algunos no muy bien insertados. Por ejemplo, tenemos al hijo de Gary Busey, Jake, interpretando al hijo del personaje al que dio vida su padre en la segunda película, algo a lo que en ningún momento se hace referencia, salvo por la mención de su apellido. Es muy probable que la conexión con el personaje de Peter Keyes se haya quedado en la sala de montaje, así como buen parte del material que, según las malas lenguas, se habría eliminado de la versión final. 

Ignoro si dicho material habría aportado mayor coherencia a una trama cuya premisa es, ya de por sí, lamentable. Digamos que el propósito del Predator en su visita a nuestro planeta es un punto de partida simple y llanamente erróneo. En gran medida, porque va en contra de sus principios, de todo lo que se le supone a los predators. No olvidemos que son cazadores del espacio exterior que viven por y para la caza; seres que viajan de planeta en planeta probando su valía dando caza a lo mejorcito de cada especie. Aunque les veamos pelearse entre ellos, como ocurre en la tercera entrega, su razón de ser es siempre la misma: cazar por diversión. No son alienígenas conquistadores. En el peor de los casos, luchan por su propia supervivencia, aunque eso signifique aliarse con su presa, tal como ocurría en “Alien vs Predator”.

Pero aquí es muy distinto. La razón de su visita destruye todos los principios del personaje; va en contra de todo lo preestablecido y, para colmo, se remata con uno desenlace (la escena final) bochornoso a más no poder, dando pie, para más inri, a la pretensión de continuar y extender este agravio a la saga y a los fans con una segunda parte (la cuarta, cronológicamente hablando, si no contamos los crossovers).


Premisa aparte, lo cierto es que la trama cuenta con una sarta de momentos impropios de la saga y que, en pro del gamberrismo, terminan causando el efecto contrario: la parodia involuntaria.

Las chistes marca de la casa riegan todo el metraje. En ocasiones son graciosos y ayudan a tejer la química y la camadería entre el improvisado e improbable comando protagonista (lo mejor –o lo único rescatable- de la película). Pero en ocasiones, los chistes malos (demasiado malos) parecen sacados de una película de Apatow. Black termina pasándose de la ralla, aglutinando un montón de chascarrillos y lindeces que pasan del buenrollismo más canalla al mal gusto más sonrojante. Y es una lástima, porque cuenta con unos personajes bien paridos; un puñado de “zumbados” sobrados de carisma (líder protagonista incluido) que, cuál doce del patíbulo, deciden plantarle cara a estos feos alienígenas.

En ese sentido, el reparto está pletórico. La química es innegable y pueden mirarle a los ojos al comando de Dutch sin apartar la mirada. Pero Black lo echa todo por tierra con un cúmulo de malas decisiones. Sin ir más lejos, la inclusión de un niño que, con la excusa de su autismo, aprende la tecnología predator en menos de lo que se tarda en abrir una lata de atún. Por no hablar del “perrito predator” convertido en mascota del grupo. En fin, un continuo de sin sentidos que se va acumulando hasta llegar al absurdo final, y que te impiden disfrutar de una película que, planteada de otro modo, habría funcionado de maravilla como entretenimiento.

Es posible que la acción hiperviolenta (al más puro estilo de la vieja escuela) apoyada en el cachondeo y el colegueo de los personajes haga que muchos disfruten de la película. No les voy a culpar, pues por momentos incluso yo la he disfrutado, pero la cinta se hunde por momentos al tiempo que la indignación y frustración crecen cogidas de la mano. El despropósito, en aumento, culmina con un deplorable desenlace que termina de rematar la ya maltratada paciencia del espectador. 

En definitiva, un desastre absoluto en la línea de “Prometheus/Alien: Covenant” o “La jungla: Un buen día para morir”. Si creéis que aquellas malograron un mito de vuestra infancia cinéfila, alejaos de esto como alma que lleva el diablo.


VALORACIÓN PERSONAL: 



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